Y siguiendo con la ronda de salutaciones (que uno es muy bien educao

) dieron mis pasos con El Lugar, donde Pin y Pon me recibieron como si de un hermano se tratase. Qué trato tan cariñoso desde el primer minuto, haciendome sentir como si estuviese en el restaurante de toda la vida, donde vas a comer a diario, donde te preguntan por tu familia, por tu casa, por tus cosas. Pero es que son así, encantadores, amables, alegres y divertidos.
Pasé una velada inolvidable. Lástima del correr del tiempo, que hubiese parado gustoso. Os debo una bien grande, parejita, una bien grande.
PD: bromas aparte, ¡qué manos tiene Aurora con la comida, qué manos!
