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Corsario
 
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Predeterminado Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV

saludos para todos.




Las velas ,lacias, pegaban de vez en cuando socolladas al chocar contra los aparejos debido a los entrepadas generadas por el oleaje de la corriente
El escaso viento también nos empujaba contra los bajíos que amenazantes florecían desordenadamente a cien metros.

- ¡Marca dos tres cuartos!

- ¡Por los clavos de Cristo, volea el escandallo y despídelo lo más que puedas!

- ¡Preparados para calar! ¡Fierros fuera!

Dos anclas, la de ayuste y la de formaleza, una por babor y otra por estribor, de las cuatro que el barco llevaba aparejadas y trincadas en la parte exterior de las amuras, se hundieron con un chapaleo en el agua.

- ¡Fondo! Gritaron de inmediato

¡Gobierno a la vía! Bramó el piloto.

¡Alonso, ve a la cámara y tráeme el anteojo!

Corrí a la cámara y tuve que pararme para acostumbrar mis ojos a la oscuridad. En la mesa había extendido una carta de marear pisada en los extremos con cuatro ponderales de bronce fundido.
Me quedé en suspenso con los ojos fijos en ella. Tenía dibujada una extensa tela de araña construida con lo que parecían rumbos o vientos pintados de diferentes colores. También tenía en un extremo la rosa de los vientos, iluminada de muchos pigmentos, de la partían treinta y dos clases de vientos que también se extendían por la carta. En su norte estaba dibujada una flor de lis.
La configuración de las costas estaba reflejada con mucho detalle con una fila de nombres que iban bautizando los puertos y sus detalles orográficos, sin embargo el interior de las tierras estaba vacío de ellos aunque sí decorado con una multitud de banderas, extraños animales y querubines soplando. Me acerqué aún más y pude leer debajo de uno de ellos el nombre del autor: "Jorge Reinel me fez".

No encontraba el anteojo, nervioso revisé en la estantería entre los libros de la "Suma de Geografía "de Martín Fernández de Enciso, el "Tratado de la Esfera y el Arte de Navegar" de Francisco Falero, y el libro del que Pablo me hablaba con veneración de Pedro de Medina el que se llamaba "Nuevo Arte de Navegar"

¡Mi Maestre, que no lo encuentro!

¡Mira en la gaveta de la mesa!

¡Marca dos y media!, cantó el grumete el braceaje, esta vez con voz enronquecida que denotaba su preocupación.

Y allí estaba; en ese amplio cajón entre muchos cachivaches y papeles.
Me fijé en uno de ellos con el sello de la marca real, una especie de pasavante a nombre del eclesiástico inquisidor Tello de Sandoval… se tratará de el pasajero de otro viaje, pensé para mis adentros y ese instante una sonoridad se elevó del sollado indicando que el barco había tocado fondo; el barco inició una suave sacudida que inmediatamente y al igual que el sonido, cesó.


Salí con el cilindro en la mano y al dárselo al capitán se escuchó desde proa – "¡Ya no garrea!"

¡Zopencos! ¡Por los clavos de…! le escuche murmurar suavemente, imitando al contramaestre.

¡Llamita! , al sollado y comprueba daños. ¡Las bombas que no paren!

Veíamos que el resto de los barcos de la Flota iban pasando y se perdían por el horizonte que lentamente se iba apagando. El sol se pondría dentro de dos horas.
Me agarre a la batayola y miré al cielo que estaba cubierto de franjas de nubes rosáceas, de color parecido a algunos de los corales que antes habíamos visto. Calma,temporal,cielo limpio o nuboso, sol apagado o brillante; el tiempo cambiaba como las páginas de un libro.

¡No hay daño, señor! , decía Mateo que asomó la cabeza por el tambucho de la escala de popa, debe haber enbicado suavemente en una barra arena. Creo que hemos trabucado de la mejor manera posible.

¡Menos mal! Suspiró Pablo. Ahora paciencia; la marea comenzará a subir en dos horas, justo cuando se oculte el sol.

- He visto tu libro famoso en la cámara; el de Pedro de Molina

- Una obra de arte

- Como lo es también la carta de marear que el patrón tiene en la mesa que creo que es de Reinel.

- ¿Padre o hijo?

- ¿Cómo?

Hay dos Reinel,Pedro y Jorge. Este último ha seguido los pasos de su padre que fué en su tiempo el mejor cartógrafo.

El "Atlas Miller" sí que es una maravilla. He tenido la suerte de haber visto en Sevilla una copia, que dicen que palidece ante el original, y que es un prodigio tanto geográfico como artístico.

- ¿Y es de estas tierras?

- No. Es un mapamundi decorado por el pintor Antonio de Holanda.
- Pero ¿Quién lo hizo?

Padre e hijo y el cartógrafo Lopo Homen; parece mentira que esta extraordinaria obra la hiciesen entre tres países un cartógrafo negro, un hidalgo y su hijo y un pintor flamenco… la mandó hacer el rey Don Manuel para regalárselo a la novia de su hijo, el futuro Juan III. Ella era Leonor, la hermana del emperador Carlos V. Al final se casó con ella y le robó la novia a su hijo…

Ya teníamos a la Almiranta a nuestro través y el galeón artillado que la acompañaba templo las velas hasta ponerse a la corda pero gran distancia nuestra por que no podíamos comunicarnos.

Más tarde se quedó al reparo dando bordadas cortas con el paño reducido y el viento por el través para tener el barco bajo control para que no derivase al bajío y se fue acercando lentamente.

El capitán desde la toldilla les anunció:

- Estamos embicados, pero sin problemas porque el despalmador es de arena suelta.
La marea nos sacará sin problemas.

Al cabo de un rato se escuchó la respuesta: no tenemos más remedio que esperaros a la salida de la canal ya que el surgidero es peligroso.
Dio vela, desapareció y allí quedamos anestesiados por el incesante golpeteo del oleaje al romper sobre el casco.

Ya era de noche cerrada, y sin sueño, estaba charlando con Pablo y Mateo en nuestro lugar favorito. Se acercó Don Francisco, el mustio personaje que había conocido a bordo de la almadía que nos trajo a bordo en La Habana.

- ¿Hay algún peligro? Me preguntó con altanería tocándome en el hombro desdeñosamente.

- ¿Que? ¿Tenéis algún remordimiento inconfesable? Le contesté desabridamente.

- Tened cuidado como me habláis condenado deslenguado. No sabéis con quien estáis hablando.

- ¿Y qué? Yo he dicho nada inconveniente.

- Depende. Si se lo decís a un miembro del Santo Oficio de la Inquisición se pueden considerar tus palabras de heréticas. Por menos de eso los he visto presos en el Castillo de Triana, dijo mirándome con ojos incendiados y señalando mi frente con su mano derecha donde lucía un anillo con la famosa cruz verde.

Mateo a mi lado tenía el rostro descompuesto, fue como si un oscuro rayo le hubiera fulminado de improviso, agachó la cabeza como si comprendiera que sus ojos delatarían la terrible conflagración que había estallado en su interior, me agarró del brazo y tiró de mí tan fuertemente que prácticamente me arrastró hacia la escala de popa para bajar furiosamente a la primera andana. Parecía mentira que ese cuerpo tan menudo tuviera tanta fuerza.

- ¿La Santa Inquisición? Me preguntó en con los ojos tan aterrorizados que brillaban en la tenebrosidad

- Debe ser el tal Tello de Sandoval que he visto en los papeles del capitán y que vuelve de Tierra Firme como veedor a fin de implantar el Santo Oficio en las Indias. Por eso tiene tantos papeles y documentos. Deben de ser los informes.

- ¿Tello de Sandoval? ¡Dios me ampare! Y tiritando se acurrucó entre mis brazos como un perrillo faldero. Yo sentía su cuerpo estremecerse contra mi pecho…

De repente se separó, cogió mis brazos con sus dos manos y me dijo: debo decirte algo importante… Asombrado comprobé que con esta súbita provocación de este ,para mí incomprensible fuerte sentimiento, su voz se iba atiplando como si escapara de su armonía interior… pero me debes jurar antes que…se interrumpió otra vez por su adquirido titubeo orgánico … y comenzó de nuevo con su encendido rostro medio ahogado por la emoción… nunca antes he revelado mi…

- ¡El viento aumenta y rola! Se escuchó de cubierta. Mateo quedó en suspenso y el momento se cortó como si una pesada cortina nos hubiese separado.

- ¡Gente a las brazas¡ ¡Norleste cuarta al norte estable!

Yo repetía interiormente lo que Pablo me había enseñado : tercer rumbo y viento del primer cuadrante intermedio entre norleste y nornorleste en y el Mediterráneo griego cuarta á tramontana…

- ¡Llamita! ¡Nos sirve para salir del varadero!

Aparté sus manos y le di un abrazo, pero algo extraño sentí cuando nuestros cuerpos se tocaron, algo desconocido y diferente había en este abrazo de amigo. Pero no hay tiempo para detenerse. Había que bracear y precipitadamente nos movimos escala arriba buscando la cubierta.

El viento aumentaba por instantes, los hombres corrieron rápidamente a sus puestos. El conteo se inició como un canto fúnebre en el final de la noche.

¡Marca dos y media!

Las velas estaban ya embolsadas, las anclas a bordo y el barco daba pequeños tirones al compás de las olas luchando por salir del encalladero.
Casi caí cuando el galeón escoró y tembló aún más con un gran estrépito de cabuyería y velas. A veces ruido era atronador cuando las velas flameaban alocadamente; entonces las vergas se inclinaban ante la disputa entre las brazas y las ruidosas lonas.

Una ola levantó la proa, el barco escoró de nuevo intensamente y se produjo un momento de confusión. Los hombres cayeron entre maldiciones y tropezones. Las velas flamearon y luego se tensaron al viento.

Sentí que el casco se estabilizaba, miré hacia la arboladura, el palo mayor parecía inclinarse hacia delante como las palmeras de mi Niebla cuando las azota el foreño y con un estremecimiento final .el Ntra. Sra. de las Angustias se liberó del banco de arena.

¡Libre!

Un coro de vivas y aclamaciones surgió del barco como su suspiro de alivio.

- ¡Marca tres!

Con mi cabeza, todavía desasosegada por incomprensibles sentimientos, me acerque a Pablo y para huir de mi confusión, le pregunté banalmente:

- El maestre ya se ha ido a su cámara después de mirar el cielo con el astrolabio ¿Qué hace ahora?


- Habrá calculado la altura de un astro sobre el horizonte y ahora con unas tablas calcula nuestra posición y también consulta los datos con el régimen de vientos, corrientes, rumbo y distancia a cabos o puntos reconocibles en el derrotero…

- Pues vaya derrotero que nos ha enviado a envicar en un bajo…

- No critiques, pues el arte de marear no es tan fácil como consultar un mapa de caminos… además quien hizo el derrotero fué tu paisano Andrés de Morales. Además ya te he dicho que sin el título que da la Escuela de Navegación de la Casa de Indias no se puede ser piloto ni maestre. Hay que aplicarse en las enseñanzas del arte de marear y cosmografía durante un año para obtener la licencia firmada por el Piloto Mayor.

- Pero por los libros se puede conocer…

- No, por los libros se puede conocer lo que ellos quieran.
Todas las naves que parten hacia las Indiasdeben llevar un diario de bitácora con los acaecimientos día por día y que junto con las cartas de marear obligatoriamente deben presentar a su regreso.
La Casa de Contratación los evalúa y corrigen la cartografía incesantemente. Ellos son los únicos que la tienen y la divulgan en la Escuela junto con otras enseñanzas como el manejo o error de los instrumentos náuticos.

Y en los libros, para preservar el monopolio de España con las Indias, sólo autorizan a divulgar algunos datos, incluso a veces erróneos.
Así que el mundo está ajeno a los trabajos de navegantes, cosmógrafos y de nuestra realidad naval. Por eso en este terreno las apariencias engañan.

Ya sólo faltaba un recodo para terminar el canal de las Bahamas. Habíamos avanzado en franquía, sobreventeando ayudados por una luna en cuarto creciente intermitentemente ocultada por las nubes.

Un delgado rayo de luna habría trazado un vago dibujo en el agua; era un extraño dibujo que se movía de tierra al centro del canal.

¡Por los clavos de Cristo, si es un barco!, rezongó el contramaestre. Parece un pequeño jabeque de cabotaje.

- Alcánzame el anteojo. La nube pasó y la luna le dió de lleno.

No, no era un pequeño falucho y viéndolo a plena luz de luna resultaba evidente que había sido muy bien estudiada su apariencia puesto que se trataba de un navío casi sin obra muerta y con el casco pintado de azul o negro, lo que dificultaba la labor de calcular su tamaño con el mar apenas agitado.
Sus velas latinas precisaban sólo la mitad de longitud de sus tres mástiles lo que a distancia y con tan poco velamen se presuponía escaso de potencial de ataque y sus velas…

¡Velas embreadas!

¡Piratas!

En ese instante el jabeque alzó las capuchas de sus linternas y un vívido resplandor iluminó su costado. Un cañón había disparado.




La bibliografía está reseñada en capítulos anteriores.
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<i><b>N<font size=2>ihil novum sub sole</font></b></i>
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capitan maxorata (28-03-2009), Rayo verde (24-03-2009), VERYFLOW (28-03-2009)