Es un tema de habilidad: ya se sabe que los navegantes somos sufridos. Pero además, los solitarios y así, hemos de ser habilidosos...
Con un poco de entreno, verás como los pies se vuelven prensiles como nuestros primos arborícolas. Las orejas van muy bien para sujetar las escotas. En pleno bordo (en eso los que llevan caña tienen ventaja porque pueden aguantarla con las piernas - como no les ve nadie, nadie se asusta - o con "la parte final de la espalda"), un ladeo de la cabeza y se suelta la escota que ya no trabaja.
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Incluso tienes tiempo para contestar al móvil del pesao que siempre te llama cuando estás liado a tope...
