Discusión: Sobre La Felicidad
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Predeterminado Sobre La Felicidad

...un saludoesto es OT, muy OT
Estaba en otro hilo hablando de recuerdos y me ha venido a la cabeza este escrito que leí una vez de una pintora, Nati Cañada, que tuve el honor de conocer y compartir algúnos intereses.

Una vez me encontre estas líneas escritas por ella....que realmente me llamaron la atención. Me han hecho pensar desde entonces. Las quiero compartir con vosotros. A mi me hicieron pensar...porque ella es una persona muy normal....y despues de leer esto me di cuenta de que no era tan normal. Es admirable.

Aqui dejo su escrito:

[FONT='Verdana','sans-serif']Me llamo Nati Cañada. Soy pintora de profesión y buscadora de felicidad por afición.

Iba yo este verano paseando en bicicleta, por un camino que acaba en un pantano. Ese paseo hace muchos años que lo hago, el mismo, pero esta vez me fijé en algo: a un lado del camino estaba el río de agua clara y rápido y los chopos, los huertos, las higueras y los manzanos….. Al otro lado había un vertedero de basura, con las bolsas de plástico rebosantes y rotas, dejando asomar toda clase de alimentos pudriéndose; también había una nevera oxidada, animales muertos…, yo era libre de mirar a cualquier lado, de todos modos llegaría al pantano.

Yo soy libre de elegir ser feliz o no. La felicidad se aprende, igual que se aprende el manejo de computadoras, -y pongo este ejemplo porque para mí es lo más difícil que hay-. Aprender a ser feliz es difícil pero posible.

Si quiero tener un bíceps fuerte y levanto el brazo un par de veces diarias difícilmente lo conseguiré. Pero si cojo una pesa y la levanto 20 veces cada día, al principio no lo notaré, pero al cabo de unos meses tendré un bíceps aceptable.

Porque no se nace feliz o desgraciado, como se nace con ojos negros o azules. No vamos a recibir un paquetito por correo con una etiqueta que ponga “felicidad”. No. La felicidad es para quien la trabaja, para quien hace 20 flexiones diarias con la pesa, aunque le duela el brazo, aunque esté preocupado, aunque esté enfermo… Y no sólo eso. Una vez conseguido el bíceps hay que seguir haciendo ejercicio. Una vez conseguida una planta hay que cuidarla, regarla, quitarle las malas hierbas, protegerla de frío excesivo y del sol fuerte.

La felicidad es un arte, y la única manera de dominar un arte es practicarlo.

Seguramente ahora estaréis pensando que como podemos aprender a ser felices.

Vamos a hablar un poco del pensamiento. El pensamiento no es como un humo que se deshace y no va a ningún sitio.

Cuando tenemos calor, el cuerpo, sin que nadie se lo mande, segrega sudor. Si estamos muy tristes, los ojos, sin que nadie se lo mande, segregan lágrimas.., pues cuando pensamos, también el cerebro segrega algo sin que nadie se lo mande.

No es lo mismo pensar: “Cuanto te quiero…, qué hermoso es ese bosque”, o “voy a hacer todo lo posible por ayudarte”, a “como te odio…, qué miedo tengo a la velocidad”, o “qué envidia me dan los triunfadores”…

…… porque el amor, la belleza, la compasión, son pensamientos positivos; y el odio, el miedo, la envidia, son pensamientos negativos. ¿Y qué ocurre?. Pues que los pensamientos positivos hacen que el cerebro segregue una sustancia que nos hace sentir bien; y los negativos al revés. Segregan sustancias que nos envenenan y nos intoxican; tanto que podemos acabar enfermos por odio, por miedo, por envidia… La depresión, por ejemplo, es el resultado de una manera de pensamiento incorrecto, mientras que la esperanza, y los médicos lo saben bien, transforma la química del cerebro haciendo posible la curación.

Se ha hecho un experimento, teniendo en cuenta que los pensamientos y emociones repercuten física y químicamente en el organismo: a una persona que está sufriendo, se le hacen todo tipo de pruebas, análisis de sangre, toma de tensión, electros del cerebro y del corazón, etc, para ver como el organismo reacciona ante este sufrimiento. Cuando al cabo del tiempo la persona ya no sufre, se le pide que con toda la fuerza de su pensamiento, imagine que está sufriendo igual que antes. Se le vuelven a hacer las mismas pruebas…. Y ¿qué pasa? Que el resultado es exactamente igual. ¿Qué ocurre entonces? Que no importa lo que sucede fuera de nosotros. Lo importante es cómo pensamos que está pasando.

Podemos forzar el pensamiento. Imaginarnos tristes cuando estamos felices, y felices cuando estamos tristes. ¿Habéis probado a sonreír un poco cuando estáis enfadados, o a cantar cuando estáis tristes?

Se dice que los pájaros no cantan porque están contentos, sino que cantan para estar contentos.

El temperamento no es el destino; podemos moldearlo, fortalecerlo, guiarlo. La higiene del pensamiento es tan importante como la higiene del cuerpo. Hay que alimentar el pensamiento con pensamientos positivos de amor, de alegría, belleza… y hay que lavarlo de envidia, de odio, de miedo… El que controla el pensamiento controla su éxito, su salud, su vida….

Ya vemos alguna de las normas para aprender a ser felices cuando todo está más o menos normal, pero ¿y cuando llega el problema, el dolor, el sufrimiento? No hay que asustarse.

En los cuentos infantiles, el héroe no consigue ser feliz hasta que no ha matado por lo menos un dragón terrible y vencido a un caballero malvado vestido siempre de negro.

En la vida hay momentos para trabajar, para descansar, para hablar, para escuchar, para sembrar, para recoger, para gozar…, y para sufrir.

Cuando llega el problema debemos intentar cambiar la situación adversa, pero si no podemos, entonces tendremos que cambiar nosotros.

No podemos evitar que los pájaros revoloteen alrededor de nuestra cabeza, pero si podemos evitar que aniden en nuestros cabellos. No podemos evitar los problemas pero sí podremos decidir cómo y cuánto nos afectan. Ahí se nos presenta un combate de yudo emocional.

Y si ni aún lo solucionamos, pensar que los problemas no son obstáculos sino peldaños. El sufrimiento despierta talentos que hubieran permanecido dormidos.

La madurez consiste en darle la vuelta a ese acontecimiento doloroso, de manera que de ahí saquemos una enseñanza, no una derrota.

Además lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.

Y para terminar, deciros que me siento casi feliz, que tengo una paz infinita y que le doy gracias a Dios por ese regalo.

Y algo que también quiero deciros. Mi querido hijo José Luís, el mayor murió hace 10 años a consecuencia de una leucemia. Tenía 20 años.

Mi querido hijo Fernando, el segundo, murió el año pasado a consecuencia de un accidente de automóvil. Tenía 27 años.

Pero yo he elegido mirar del lado de los árboles.

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