Los precios se regulan por la oferta y la demanda. Si hubiese más amarres, los precios bajarían. Si fuese relativamente fácil obtener un permiso para construir una Marina, como cualquier otro negocio, habría muchas y a sus promotores les costaría poco construirlas.
El gran problema de la náutica española es que está regulada por la DGMM, que está acostumbrada a dictar normas para petroleros, y que las infraestructuras dependen de políticos. Estos, hambrientos de pasta para sus obras faraónicas, restringen la construcción y convocan concursos que obligan a los promotores a pagar fortunas por las concesiones. Conclusión: precios de amarres absolutamente desorbitados.
Los que después de un ataque de locura han/hemos pagado un pastón, se entiende que no quieran que bajen los precios ni cambien las cosas, a menos, claro está, que deciden cambiar de eslora.

Con los pisos pasa lo mismo, solo le preocupa el precio al que va a comprar. En cuanto compras, lo que quieres es que siga subiendo.
¡Qué habremos hecho los españoles para merecernos este país!

y buen finde!