
Pues eso, cubiertos de la sal de los rociones, pero contentos, por lo bien que va el barco, y por lo bien que supimos llevarlo.
Ni Llamichu, ni yo, tuvimos en ningún momento de la travesía, la sensación de que las condiciones nos sobrepasaban, y la cosa se nos iba de las manos.
Luego, una vez analizado el viaje, que terminó felizmente, reconozco que tuvimos un grave fallo, casi imprudencia temeraria, y que no volverá a suceder, y es que aún estando todo preparado, y teniendo el material al alcance de la mano, ni me acordé de los chalecos inflables ni de las lineas de vida.
Afortunadamente, no pasó nada, pero con las condiciones que teníamos hubiera podido ocurrir.
En lo que está de mi parte, la reflexión está hecha, y no volverá a ocurrir.
Reconozco humildemente mi error, que es sólo mío, ya que soy el armador y patrón del barco, aunque tambien tengo que decir, que en ningún momento Llamichu hizo ningun comentario al respecto, que hubiera cambiado la cosa.

