Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV
El corazón me empezó a palpitar desenfrenadamente.
- ¡Mateooo!
Empecé a gatear por la sentina hasta proa, por donde se entreveía un resplandor. Cada vez lo hacía más rápidamente porque una extraña sensación generaba una nueva fuerza en mis miembros haciendo aflorar una región oculta en mi naturaleza que antes no se había revelado.
Pasé ante las arcas de las bombas que estaban limpias y despejadas. El ambiente cada vez se hacía mas pesado, gasas de vaho deshilachado se elevaban morosamente de las varengas a contraluz del resplandor que, conforme iba avanzando, se tornaba más vívido.
El fragor del agua que borboteaba fuera, se intensificaba y me tenía embotado el cerebro.
Allí tras la carlinga del trinquete, sentada tranquilamente en una buzarda, con un cubo de barniz de brea a la derecha y otro de almazarrón a la izquierda, estaba enfrascada, con una espesa brocha y un maujo, embijando los forros para preservar las maderas.
Tuve que gritar para que me oyera
.
- ! Por Dios, Mateo!
Se giró y su cara de sorpresa se transformó en preocupación, supongo que al verme tan desquiciado
.
Su mirada, de inmediato, me apresó con sus refulgentes ojos que brillaban en la penumbra.
- ¿Qué pasa?
- Pero, ¿no te has dado cuenta el tiempo que llevas aquí abajo?
- Ven, acércate. Es que terminé enseguida y mira cómo está esto.
¿Estabas preocupado?
- Como nunca en mi vida
- Acércate más
Su voz húmeda y honda pareció embrujarme de forma que cuando nos juntamos la besé levemente, como si besase una imagen pero ella se abalanzó hacia mí con toda su alma y nos fundimos en un largo beso que terminó en el umbral del gemido, idéntico a el que soñaba que le daría en las porosas comarcas de mis sueños y la penumbra fué el cofre de nuestro clandestino amor.
- ¡Ohé! ...¡Mateo!... ¡Alonso!
- ¡Aquí! , contesté jadeando. ¡No hay problema! ¡Mateo está bien! ¡Probar ya las bombas!
Se inició de nuevo el traqueteo de las manivelas y las bombas empezaron a funcionar impecablemente, con emboladas que subían más agua que antes por lo que enseguida se terminó el trabajo matutino de achicar.
El cabo de San Vicente quedó a nuestra popa; navegábamos con la costa en la mano oyendo siempre la reventazón por nuestro babor desde que pasamos al través de la ponta de Sagres.
- Pablo , dije , ¿porqué navegamos a son de costa?
- Mira la proa, ¿Ves que vamos a ese cabo?, pues es la punta da Piedade, tras ella está el puerto de Lago. Ahí vamos.
- Entonces ¿vamos a desembarcar?
- Si y no. Te explico. No sé si sabrás los impuestos que paga un Galeón de Indias.
Creo que te lo expliqué cuando estuvimos en Sanlúcar pero te recuerdo que tenemos el de Avería que paga la Armada que nos custodia; después está el de Almojarifazo que es por el valor de las mercancías importadas; el de la Alcabala por el precio de venta.
Estos como importantes y además existen otra gran multitud de pequeñas tasas como las de Visitas, Registro, Tonelaje, Palmeo , Huérfanos marinos, Universidad de Mareantes ,Inquisición, Hospitales de marinos como el de San Juan de Dios y de San Lázaro… no sabes los números que hay que hacer para financiar esta nave y su mercadería.
La mayoría de los armadores deben pedir un préstamo a la gruesa ventura a los banqueros de Sevilla, con la garantía de sus bienes, para sufragar los gastos iniciales, porque los cargadores abonan un tercio del flete al embarque y los dos tercios restantes a la entrega de estas en Tierra Firme.
Además también han debido pagar las altas primas del seguro que prescribe a los dos años de formalizado pase lo que pase.
Como remate de los tomates te diré que el 20% de los metales embarcados es propiedad de la Corona porque dice el Rey que la tierra es suya y que la "arrienda" a los particulares para que saquen el mineral: es el denostado "quinto real".
Pues ya te puedes figurar que con esta carga impositiva no es posible el negocio y efectivamente este sistema de las Flotas por lo que todos están de acuerdo, menos el Rey y sus ricos adláteres, en lo que ahora vamos a hacer.
- ¿Y qué vamos a hacer?
- Contrabando.
Por esto mi respuesta fué sí y no; porque tú no vas a desembarcar a tierra pero el contrabando sí.
- Pero no lo entiendo. Ha habido un control exhaustivo con inspecciones constantes, registros, documentos…
- Pura apariencia. Todo es mentira. Desde los encargados de las minas, transportistas, oficiales reales, factores, veedores, militares desde la graduación más alta a la más baja, maestres, capitanes… todos están comprados o les interesa el tejemaneje para conservar su empleo.
- Pero la Casa de Contratación lo debe saber…
- ¿Quién le pone el cascabel al gato? A ellos les interesa seguir conservando el monopolio y que les cuadren sus precisas y pormenorizadas cuentas.
Cuando algún barco zozobra en la broa de Sanlúcar o en la playa de Castilla por un temporal y recuperan más oro y plata del declarado dicen que serian de otro naufragio porque nada escapa a su férreo control. Claro que lo dicen con la boca chica y mirando a otro lado.
Por circunstancias, este galeón transporta muy poca cantidad, pero otros llevan más de un cuarto del flete de matute; sólo hay que mirar la línea de flotación de algunos barcos para descubrirlos.
- ¿Y siempre se descarga aquí?
- La mayoría de las veces, aunque ahora se hace en más cantidad porque ha tomado posesión en Cádiz un nuevo regidor del Juzgado de Indias que no permite a los metederos, que son los que hacían gran parte de este contrabando allí, antes de los barcos tocasen el puerto de Sevilla. Pero no hay que preocuparse, hará en su momento la vista gorda, es cuestión de tiempo.
Al doblar la punta, una amplia bahía se abrió ante nosotros. En su costado occidental desaguaba un afluente ante el que se levantaba un poblado de rico caserío con bastantes iglesias y una larga muralla que serpenteaba entre las ondulaciones del terreno que estaba entrecortada por numerosos torreones.
En otra muralla, cuyos paños defendían un alcázar, un extraño edificio con grandes arcadas y el centro urbano, se abría una magnífica puerta enmarcada por dos bellas columnas de piedra labrada.
El San Andrés efectuó tres disparos de pólvora que retumbaron en la tranquila bahía.
Podía tratarse de un aviso por una incursión de piratas berberiscos o de una alarma para auxiliar un temido naufragio entre las múltiples rocas que salvaguardaban la costa, pero por la multitud de personas que ya estaban congregadas en la orilla y en el puerto agitando los pañuelos ya hacía tiempo que sabían de que la Flota de Indias estaba llegando a Lagos.
- Aquí estaremos un suspiro, me decía Pablo, el tiempo de descargar, pasar la anoche y al amanecer, nos iremos velejeando hacia el desembocadero del Guadalquivir.
Estábamos fondeados en la parte interior, protegidos del ya ponientazo que soplaba y en la cubierta estaban ya preparados los ochenta fardos que había que desembarcar para lo cual habíamos instalado un fuerte aparejo de poleas de cuatro ojos desde el penol de la verga mayor.
Apareció el batel de avisos para anunciarnos nuestra próxima descarga y dos sobres de la Capitana; uno para el capitán y otro para mí, donde el médico de la flota requería mi presencia junto con Pablo y Mateo para "tratar asuntos de su incumbencia". Otro batel nos recogería de inmediato.
Nos vestimos más adecuadamente y cuando subimos ya nos estaban esperando a pié de escala.
Era un gran batel, que nos anunciaba las dimensiones del barco al que íbamos, que con ese tamaño sería imposible meterlo en el Ntra. Sra. de las Angustias ya que tenía de eslora más de la longitud que medía nuestra afrizada del castillo y la fuga de la tolda, con ocho bancos para remos pareles que en ese momento la dotación mantenían inhiestos formando dos hileras perfectas.
Con los remos hundiéndose y elevándose como alas, fuimos sorteando los distintos galeones fondeados con una boga dura en ciertos momentos, debido a que las ondulaciones del terreno no cubrían toda la bahía del fuerte viento que soplaba y Pablo aprovechaba como si estuviésemos dando una clase en la escuela de los chanflas
- Mirad ese diseño. Han alterado la estructura desplazando el nivel de la cubierta principal. La han subido para aumentar la capacidad de carga y en ese otro lo contrario; la han bajado para dar más cabida a mercancías en cubierta. Es un artillero que sólo puede tener en cubierta cañones; ya sabéis, mercancías contraviniendo el reglamento… eso les dá poca capacidad de maniobra tanto al barco como a los artilleros en caso de ataque.
- Mateo ¿hacíais embono en vuestro astillero?
- ¿Embono?... Ni idea. ¿Qué es eso?
- Os explico. Con estas modificaciones se descompensa el equilibrio del diseño original y entonces se refuerza el casco mediante suplementos de madera para que el barco tenga más peso y aguante el esfuerzo. Esto es el embono.
- Pero ya no sería el mismo barco, Sería otro trazo y se comportaría de forma diferente.
- Así es. Los barcos pierden agilidad ya que se comportan torpemente, corren mal los temporales y no soportan los fuertes vientos. La causa de la mayoría de los naufragios es debido a esto; porque la avaricia rompe el saco.
Al fondo, recortada entre los barcos, se veía la iglesia de Santa María, las piedras de una derruida zawaya y una gran plaza ante el mercado de esclavos que me habían comentado que era el extraño edificio con las arcadas.
Me quedé mirando pensativo este trocito de tierra que se deslizaba entre los barcos y su entramado de perchas y jarcias preguntándome porqué habrían hecho tantos huecos en ese edificio.
- ¿Cuánto vale un esclavo?, pregunté de sopetón
- Aquí más barato que en otra parte, me respondió Pablo lanzándome una mirada de curiosidad. Todos los esclavos que has visto en Sevilla vienen de este mercado que creo que es el primero del mundo.
Los traen de África de un lugar al que le han puesto el mismo nombre: Lagos. Pero, en concreto, el precio depende de muchos factores como el sexo, el estado físico, la edad… digamos que está aquí entre veinte y ochenta ducados. Con el sueldo de tu viaje redondo te puedes comprar uno muy bueno.
Los imponentes barcos iban pasando uno tras otro, con sus popas con forma de viola y sus imponentes muros de madera.
Llegamos al fin a la proa de la capitana cuyo enorme bauprés, donde debajo iba guarnida una grande y pesada yerga de cebadera, me lo imaginaba ayudando a incrementar las grandes arfadas y cabezadas que daría el barco con semejante peso en la proa en caso de mala mar.
Nos recibió Romo y nos condujo a su camarote donde charlamos largo rato con copas de un excelente vino sin bautizar.
Contamos historias, filosofamos un poco, tanto de la vida como de la muerte, recordamos anécdotas, hechos navales y cuando trajeron la segunda limeta, ya hablábamos de todo y de nada.
Yo ya estaba a punto de la borrachera y cualquier detalle que veía, oía o imaginaba me hacía olvidar de lo que se estaba hablando y mi discurso ya era disgregado, dramatizado, reiterativo y al límite de la mentira.
Romo miraba a Mateo, que sólo había bebido una copa, y después a mí levantando los arcos de las cejas. Yo negaba con la cabeza y Romo me contestaba asintiendo levemente.
Este juego duró hasta el sonaron en unos sones de vihuela y bamboleándonos nos dirigimos a fuera donde estaban la mayoría de los tripulantes sentados en la tablazón de cubierta.
Unos con las piernas adelante, otros hacia atrás, otros en cuclillas, otros recostados y de otras muchas maneras. Encima del enjaretado se había levantado una tarima ya iluminada por varios faroles, donde actuaba las chirimías que ya conocía de Dominica pero que ahora interpretaba romanzas como "El Conde Claros" o "El Canto del Caballero" y terminó su repertorio con unos cantos de Meceor que le había enseñado el siguiente artista, un marinero de la Gobernadora que nacido en Marchena había sido discípulo de Cristóbal de Morales y que por un mal de amores con una dama principal había terminado en la Flota. Nos interpretó unas zambras con un sentimiento difícil de superar :
"Quien dice que la ausencia causa olvido
merece ser de todos olvidado.
El verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más perdido.
Aviva la memoria su sentido;
la soledad levanta su cuidado;
hallarse de su bien tan apartado
hace su desear más encendido…"
Nos despedimos de Romo con un abrazo, prometiéndonos vernos en Sevilla. A mí me taladró con su mirada y me dijo sonriendo:
- Y cuando nos veamos no te perdonaré que no me cuentes… lo que ya sabes…
Yo no le contesté, pero ya sabía por las miradas de Mateo en el silencioso camino de vuelta, que ella estaba ya al tanto de la vaga frase de Romo.
Estaban sonando las cinco campanadas de la guardia de prima cuando subíamos a bordo de nuestro galeón.
Al clarear de los verdes pinos a levante de la ensenada, sonó la descarga del cañón de aviso para iniciar las maniobras de salida. Zarpamos en cuanto se izó el gallardete en la Capitana,como si el horizonte que pronto veríamos fuese el remedio a un posible malestar que provocase la tierra.
El viento continuaba soplando de poniente aunque cada vez con menos fuerza. A las cinco millas de la costa ya completamente organizado el convoy, nuestras proas ya miraban al puro mar y al poco tiempo la costa desapareció por la bisectriz de la derrota que nos conducía a nuestro último destino.
Como siempre, navegábamos en el extremo de estribor son sólo un galeón artillado que se mantenía cuidadosamente a barlovento, listo para salir disparado en caso de necesidad ya que iba a nuestra misma velocidad pero con un salto en las escotas y con la mitad de su velamen izado a pesar de que el viento había amainado hasta quedar en una simple brisa que nos hacía dar balances en las incómodas olas.
Una algarabía se formó a bordo.Rui López nos decía que había un fantasma a bordo y conociendo lo fantasioso que era, no le hacíamos el menor caso.
- Llamita por favor, imploraba, que yo he visto una sombra que se ha metido en la sentina por la misma pana por la que entraste el otro día.
Tan reiterativo se puso que, para callarlo, y nos dirigimos al lugar que este indicaba con tanto afán.
Destapamos la suelta pana y cuando introducimos un farol en el interior de la oscuridad salió una cara negra con los ojos espantados, la boca abierta entre unos gruesos labios y con las mejillas marcadas con dos letras. La s en una y la i en la otra.
Con un grito retrocedimos espantados. Entonces acercándose más a la luz nos dijo:
- faz favor senhores só quero a sua ajuda não quero os assustar.
Bibliografia :
F.Serrano Mangas – Función y Evolución del Galeón de la Carrera de Indias
Francisco R. Calderón - Historia económica de la Nueva España en tiempos de los Austrias.
Juan Boscan – Soneto LXXXV
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