REVISTA LUGARES
5 FAROS AUSTRALES
Antiguos, con hoteles o casas de té al pie, suelen ser el eje del puerto, la playa o la ciudad que iluminan. Una selección de Polonio a Ushuaia para orientarse en la oscuridad.
Colonia.

Su faro blanco erguido junto a las ruinas de una edificación costera, los faroles amarillos y el empedrado constituyen la clásica postal de la ciudad de la otra orilla.
Es un faro muy antiguo (1857) y uno de los más altos, con 34 metros. Puede visitarse, y regala una original vista del río y todo el casco urbano.
Polonio.

Por ser el punto más al este de la costa atlántica uruguaya, este faro es contraseña fundamental para los navegantes de ese país. Pero sus destellos no se agotan en el mar: quienes llegan por tierra, de noche también lo utilizan como vigía, puesto que es la única construcción con energía eléctrica del diminuto balneario. Fue construido en 1881 y mide casi 40 metros. En la base se reúne además una considerable colonia de lobos marinos de uno y dos pelos.
Cabo Vírgenes.

También estaba olvidado en el confín más austral del continente americano, hasta que la familia Fenton, propietarios de la estancia Monte Dinero, decidieron construir allí una casa de té. Al fin y al cabo tiene ahora la vista de ese bellísimo faro de metal, construido en 1904. Un auténtico refugio para el intrépido viento que sopla en esa zona, y un alto muy recomendable en el camino a la vecina pingüinera de Punta Dungenes.
Les Eclaireurs.

Mal llamado Faro del Fin del Mundo (el verdadero es San Juan de Salvamento y está en la Isla de los Estados), debe su nombre al islote Les Eclaireurs, bautizado por la expedición francesa La Romanche, que navegó el Beagle entre 1882 y 1883, a bordo de la fragata Luis Fernando Martial. El faro fue construido en 1918. Tiene 11 metros y el sistema de iluminación es a través de paneles solares.
Punta Delgada.

Si no fuera por la hostería que está al pie, el faro de este extremo de la Península Valdés reinaría en la más absoluta soledad. Y es precisamente el aislamiento lo que encanta a los huéspedes de esas 30 habitaciones, que se entretienen con los lobos, las caminatas por la árida meseta y el sonido del mar, ya que ni siquiera hay teléfono.
El faro fue inaugurado en 1905. Mide 14 metros, tiene garita y casa habitación. A la noche hay visita guiada con música barroca de fondo.