
Gracias Alea por un relato tan ameno y divertido.
Y un millón de gracias por advertirnos de la desalmada maldad dietética de semejantes cofrades.
Lástima que el próximo finde me veré cautivado por su cánticos de sirena culinarios. Ah! para compartir sufrimiento os diré que también estoy a dieta y lo llevo bien si no me encuentro con piratas perversos que me ofrezcan manzanas del paraiso.
Saludos

