Muchos campos abiertos en un solo hilo!
Primero, sé bienvenido, Barceló, y que la moderación te lleve a no ensordecer de nuevo con los cañonazos.
Ya en tema, la soledad y el alcohol se parecen en la importancia de la dosis; en pequeñas cantidades suelen tener un efecto positivo sobre el ánimo, pero más allá de cierta medida se convierten en meros potenciadores del estado.
Si estás contento, te pueden hacer sentir feliz.
Si estás triste, te pueden hundir.
Luego está la soledad de altura; la del marino profesional, la del monje... Soledad rodeado de otros seres solitarios.
Esa soledad, según frase de un amigo, se sufre los primeros tres meses y se disfruta el resto de la vida.
Y sí, hay un gran número de ex-marinos muy aficionados al frasco, pero no estoy seguro de que se deba sólo a la inadaptación. Al menos en muchos casos, como el mío, ya nos gustaban los placeres de Baco antes de elegir nuestro destino. Tal vez, como canta Serrat, si eres cantor y embustero, te gusta el juego y el vino, es porque tienes alma de marinero. (mira que lo quiero, pero en esta frase es para decir "la madre que lo parió...")

Que no se diga!