Ahora, al leer lo que acabo de escribir, me doy cuenta que voy descuidando algunos aspectos, no se puede resumir todo lo que toca a la navegación hablando de los escollos y del viento... pero escribo sobre la marcha y muchas cosas se quedarán fuera... En fin sigamos!
Ahora quisiera hablaros de un aspecto que -creo- es muy importante y tuvo allí una gran relevancia: la vida a bordo.
Si tuviera que escoger entre todo lo que me gustó de este viaje, creo que diría que fue la vida a bordo, el ritmo de aquella vida, lo que más me maravilló.
Niña a bordo!
Viajábamos tres, dos adultos y una niña de 9 años. Obviamente, con un niño a bordo, muchas cosas hay que tener en cuenta. Antes de salir de Barcelona, tuve varias entrevistas con los profesores de mi hija para establecer un programa de estudio. Teníamos todos los libros de texto y varios cuadernos de ejercicios para ayudarnos. Los objetivos didácticos del segundo trimestre estaban bien claros -en cada asignatura- y adaptamos al ritmo del barco la parrilla horaria que tienen en la escuela.
Ejercicios de matemáticas en Marigot Bay (Santa Lucía).
Hacíamos clases de las 9 de la mañana hasta la 13 o 13h30, dedicando unos 50 minutos, más o menos, a la asignatura que tocaba cada vez. La atención de un niño difícilmente se puede concentrar durante tanto tiempo y hay que alternar el descubrimiento de cosas nuevas con la revisión de temas ya aprendidos.
Para mi -y lo digo con toda sinceridad- fue la más grata de las experiencias. Creo que nuestro pequeño equipo funcionaba bien y la niña aprendió mucho. Yo también! Como va a 4º de Primaria, el programa todavía es fácil (tan sólo las divisiones por más de 2 cifras han requerido por mi parte un entrenamiento especial!!!). Pero la clase a bordo requiere por parte de los improvisados profesores -y de los alumnos- una alta dosis de motivación que hay que encontrar a veces donde no la hay. El ambiente tropical, genuinamente vacacional, no induce al esfuerzo... hay que saber obligarse a sí mismo y convencer a los demás!