Pobres de los ahogados,
de los hundidos en la niebla inmensa,
en la ancha tumba anónima
sin una cruz ni una cordial leyenda.
Pobres de los ahogados,
día y noche rodando por la arena
sin una mano amiga
que les cierre los ojos y les prenda
en el hinchado pecho
la cruz que lleva a Dios al que la ostenta.
Pobre de los ahogados ,
día y noche rodando entre las peñas
al empujón sin alma
de resacas, corrientes y mareas.
Señor, si los dejaste
a merced de la trágica galerna,
concédeles al menos,
en un gesto, no más, de tu clemencia
que descansen en paz bajo unas flores
igual que sus hermanos de la tierra.
Mi más sentido Pésame.