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Predeterminado Re: Comer y Vivir en un Barco del siglo XV

Brindis para todos

Ante de iniciar este ultimo capítulo debo pediros perdón.

En el que sigue no hay mucho contenido náutico.

Sentía que debía cerrar literariamente las historias de los personajes creados y por eso quizás me haya pasado.

Son muchos días viviendo con Alonso,Pablo,Mateo ,Romo y demás para abandonarlos con un adiós.

Quizás sea un sentimental.

Espero que sepáis disculparme.





Una hoja de la pesada puerta se abrió lentamente y apareció un paje rollizo y mofletudo vestido con una camisa blanca ,un coleto de piel, unos greguescos acuchillados de color azul con forro de plata, los mismos colores del escudo de la casa, unas medias de seda y unos zapatos negros de corcovan.

Saludó con una reverencia a don Tello, al que sin duda conocía, y se quedó inmóvil como esperando sus instrucciones.

- Abre de par en par las dos puertas y corre para avisar al mayordomo.

Atravesamos un amplio zaguán con una artística reja enteriza en su fondo, por donde desapareció el paje y al que Don Tello siguió, por lo que entramos en un primer patio donde había diversas cuadras con un largo guadarnés y cochera con al menos cinco carruajes entre los de paseo y viaje bajo una sobria portada barroca trabajada en piedra de Estepa que labraba el escudo de la entrada.

En esa parte del patio había un brocal de pozo cubierto de macetas y una fuente de forma ochavada en cuyo centro se alzaba un padrón con bajorrelieves de barcos con unas filacterias bajo sus quillas.ç

Leonor me tiró del brazo y de puntillas me susurró al oído:
- Esta era mi casa

Esta revelación hizo trastabillar mi andar al traspasar una puerta que daba a otro patio de mayores proporciones conformado de dos cuerpos; el inferior porticado con columnas de mármol, probamente romanas porque en el centro del patio, en torno a una artística fuente de mármol, estaba enlosado por un mosaico cuyas teselas formaban medallones con escenas de pesca rodeados de un exuberante despliegue de especies de la fauna marina además de ketos,tritones,grifos y otros monstruos propios de la imaginación del artista que cabalgaban entre ondas de agua.

Las columnas dóricas sostenían al menos veinte arcos de medio punto decorados con yeserías platerescas que decoraban sus arrocabes e impostas con motivos náuticos y mitológicos.
A lo largo de la galería, entre las sucesivas puertas de madera ricamente labrada, había una serie de tondos con bustos de personajes de apariencia romana, menos en el fondo donde se distinguía un gran salón que comunicaba, a través de varios arcos conopiales con un jardín interior; por el otro lado, el superior, una balaustrada de mármol y columnas jónicas elevadas sobre pedestales que sostenían el cornisamento que presentaba dibujos geométricos al estilo opus tessellatum.

Don Tello se volvió a nosotros y reparando en mí, interpeló

- ¿y tú que haces aquí? ¿Quien eres?

- Yo… Yo soy… dije con una voz alterada por palpitaciones fácilmente oídas en el profundo silencio en el que estábamos inmersos. No sabía qué contestar alelado por el peso de los acontecimientos.
Leonor poniéndome sobre los labios un dedo que retiró enseguida me miró con un ligero temblor y una sonrisa resignada que ablandaría hasta el granito y respondió con un tono para mí desconocido:

- Si está aquí, espetó con aire duro, es porque todo lo que me pase le concierne, es mi prometido y nos casaremos en breve. Es lo único claro que tengo en mi vida.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando la escuché hablar de nosotros con esa decisión, ese tono tan seguro y sin poderlo evitar tomé su mano y la apreté fuertemente para confirmar que efectivamente esto no era un sueño.

- Sea, concedió Don Tello turbado, te ruego Leonor que me perdones. Y ahora ¿donde deseas que hablemos tranquilamente?

- Vámonos arriba, al salón de los cristales.

Subimos la escalera, que se abría en dos tramos, que estaba vestida con una cúpula cubierta con fantásticas yeserías de gran calidad artística a base de festines y decoración floral.
En el descansillo un retablo representaba a la Virgen de los Mareantes, cobijando bajo su manto a insignes navegantes flotando sobre un mar cuajado de embarcaciones.
Una vez sentados y rodeados de aparadores, escaparates y vitrinas que enseñaban la riqueza de múltiples objetos de cristal tallado que relucían como un caleidoscopio a través de la luz de dos vidrieras de colores, apareció el mayordomo pidiendo disculpas por su tardanza.

- Este muchacho que veis a mi derecha no es tal, le informó don Tello severamente, puesto que está disfrazado, hizo una pausa para que el sirviente comprendiera bien lo que estaba diciendo, es doña Leonor, la señora de la casa que tanto hemos buscado.

Comuníqueselo al resto de los sirvientes y que estén atentos a nuevas instrucciones. Y ahora, por favor, déjennos solos.

Leonor y yo nos miramos espantados por la sorpresa, tal cara tendríamos que Don Tello empezó a hablar sin más preámbulos.

- Después de irte disfrazado como mi difunto hijo, tus hermanos te buscaron por todas partes para entregarte, por supuesto sin éxito; igualmente el procurador fiscal de la Inquisición lo hizo también, pero siguió investigando en las denuncias e interrogando testigos ya que había observado discrepancias entre el notario del secreto y el escribano general.
Al final incluso los calificadores dudaban sobre si en la conducta de tu padre existían delitos contra la fe, dado su bondad cristiana y respeto eclesiástico; incluso algunos opinaban que los libros habían sido dispuestos para formular la acusación, que su confesión de "confitente diminuto" no fue completa y que murió como un santo y no como un hereje.

Tus hermanos se habían repartido tu mayorazgo, no sin problemas ya que no estaban conformes con sus respectivas partes y tenían constantemente fuertes disputas que eran del dominio público, tanto que incluso popularmente se acuñó un refrán: "El tocino del paraíso para los Tous es arrepiso"

Nerviosos por la visita del notario de secuestros que empezó a inventariar las posesiones de la familia que ellos se habían repartido, empezaron a acusarse entre ellos de haber denunciado falsamente a tu padre por lo que el tribunal de la Inquisición los acusó y finalmente fueron condenados a trescientos azotes, once años de galeras y se les desposeyó de los bienes y del título nobiliario.

La memoria de tu padre ha sido rehabilitada, el sambenito con su nombre fue retirado de la iglesia mayor; todo un acontecimiento en Sevilla ya que es el primer caso que se ha dado y por tanto las últimas voluntades de tu padre fueron restituidas por lo que el tribunal nombró al banquero y socio de tu padre en algunos negocios, Diego Martínez, como tu tutor hasta que aparecieras.

Él abrió esta casa y la dotó de sirvientes, como si se viviera en ella, porque decía tenía el pálpito que un día cualquiera aparecerías… como así ha sido.

Don Tello respiró profundamente se levantó y desabrochándose la camisa se sacó por la cabeza un cordón de oro con una llave y encaminándose a un bargueño abrió una gaveta secreta cuya cerradura simulaba un adorno floral de nácar y sacó una arquilla de madera y piel de traza gótica.

- Es extraño, continuó, que hayas elegido precisamente esta habitación para conversar porque aquí, dijo enseñando el cofre, está tu futuro, dijo mientras se lo entregaba.

Contiene las copias del registro de tu bautismo, el testamento de tu padre, la copia del registro de familias donde aparece tu nacimiento, el certificado de limpieza de sangre, el duquesado de Alcalá... en fín, todo lo necesario… y ahora, por favor, dame el certificado que te entregué cuando te embarcaste.

Leonor sacó un tubo de hojalata de su pecho, se zafó del cordón que lo sujetaba y se lo entregó.
Don Tello sacó el pergamino lo extendió y mirando fijamente a Leonor fue rompiéndolo lentamente en pequeños trozos mientras ella lo miraba con los ojos arrasados en lágrimas.

- Mateo Pérez de Bañón ha muerto. Ya he cumplido como padre y como albacea del tuyo, dijo desoladamente, mientras Leonor se arrojaba en sus brazos.

Una vez recuperados emocionalmente de este instante; Don Tello tiró de un cordón situado entre las dos ventanas y esta vez sí, apareció rápidamente el mayordomo.

- Dígale a la gobernanta de la casa que prepare la habitación de la señora. El señor se instalará en la que fue del conde Juan. Que dispongan aguamaniles palanganas y bacines en las habitaciones así como material de aseo, preparen el almuerzo y dígale a la costurera que suba por si fuera precisa su presencia. Deprisa.

Y ahora saldré para avisar a todos de tu presencia y que Don Diego Martínez venga a…

- Te ruego Tello, le interrumpió Leonor conteniendo sus lágrimas, que no comuniques mi presencia al menos hasta el mediodía de mañana. Necesitamos este tiempo para aclimatarnos…

- De acuerdo. Contad conmigo. También tengo que deciros que en el cofre hay cuatro bolsas de piel negra: una con doblones de a cuatro, otra con doblones de a ocho, otra con ducados de oro y por último otra con diversas monedas de vellón. Don Diego decía que cuando apareciera doña Leonor tendría que tener inmediatamente dinero de bolsillo ¡Cuanta razón tenía!

A continuación con un hasta mañana si Dios quiere, se despidió con una leve inclinación de la cabeza.

Reflejado en el enorme espejo del comedor, el vestido me quedaba como un guante y la imagen que devolvía en nada se parecía al marinero Alonso si no a uno de los cuadros de elegantes personajes que colgaban a lo largo de la galería superior.

Esperaba la aparición de Leonor paseando la mirada por la habitación que estaba iluminada por unas ventanas góticas con asientos recubiertos por azulejos al igual que el zócalo que recorría la habitación hasta un metro de altura. Un friso dorado recorría la parte alta con elementos decorativos que sobresalían espectacularmente. De gran florón en el centro, dorado con pan de oro, pendía una lámpara con tres coronas de velas con…

Por fín se abrió la puerta y apareció Leonor con un vestido muy ajustado de brocado verde mar con un corpiño también muy ceñido que dejaba al descubierto los hombros y el nacimiento del pecho con atrayentes perspectivas a la vista.
Un cinturón con adornos de pedrería, de diámetro imposible, completaba el vuelo acampanado de la falda sostenido por un escueto guardainfante. Llevaba una peluca y unos afeites que la hacía totalmente desconocida a mis asombrados ojos y sólo el conocido brillo de los suyos me revelaban su antigua identidad.
Estaba tan preciosa y yo tan enfrascado en lo que estaba viendo, no pude degustar la comida ni entablar una conversación medianamente coherente.

Después decidimos dar un paseo en carruaje y elegimos un pequeño whirlicote de cuatro plazas , dos pasajeros y el cochero con el lacayo, por el que nos adentramos bamboleándonos por las calles de Sevilla cuyo empedrado formaba zanjas de continuos baches a causa del tránsito de bestias y carretas con los montones de estiércol.

Vimos desfilar por las ventanas el espectáculo vivo de la ciudad donde todo es posible: los bravucones, las mulatas, los esclavos llevando enseres de sus amos, timbas de tahúres, aguadores y vendedores de los más dispares artículos pregonando su mercancía, capitanes y damas galantes, grescas entre corchetes y guardias, pícaros de cocina, de costa y de jabega, cantoneras en busca de clientes…

Llegamos al Arenal por el compás de la mancebía, un barrio amurallado dedicado totalmente a la prostitución y el único espacio legal para ejercerla aunque todo el espacio portuario estaba atiborrado de ellas, y seguimos avanzando entre un trafico de porteadores, carros llenos de fardos y tiros de mulas con angarillas.

De vez en cuando de disparaban salvas desde el montículo del Baratillo y respondían tocando las campanas de la catedral y de Santa Ana para comunicar la noticia que la Flota ya estaba atracada y descargando.

Nuestro galeón todavía seguía fondeado y nos dijo el factor que a primera hora de mañana atracaría para descargar.

- Alonso, me dijo Leonor, preciso estar sola un rato. Sólo quiero pasear, ver los barcos, sus faenas; compréndeme lo necesito para romper con mi pasado.

- Es que me da miedo dejarte aquí sola…

- Si quieres, me quedo con el lacayo que me vigile de lejos, además con esta capa y esta toca tan espesa nadie sabe quién está debajo. Además no olvides que me sé defender muy bien dijo palpándose el borde de la falda donde en su bolsillo interior sin duda llevaría escondida su navaja.

- Está bien, le respondí y con voz suplicante acabé: me voy a disgusto, y te espero con impaciencia en tu casa.

La tenue claridad del amanecer se colaba entre las rendijas de los moucharabieh de las ventanas de mi dormitorio cuando sentí abrirse la puerta. Era Leonor que se acurrucó a mi lado. Me miró con una expresión tan feliz que me estremecí.

- Debemos ir al galeón, dijo, no podemos fallarle a nuestros antiguos compañeros. Descargamos, liquidamos nuestras cuentas y cerramos esa puerta de nuestro pasado.

El Ntra. Sra. de las Angustias ya estaba abarloado al pontón de descargas y una intensa actividad reinaba a bordo.
Los conocidos gritos del contramaestre ya se escuchaban desde el arco lateral de la Puerta de Triana.
Una figura saltó de a bordo y se acercó corriendo hasta nosotros. Era Pablo.

- ¡ Por Dios ¡ ¿Dónde os habéis metido? El contramaestre no cesa de preguntar por vosotros.

- Es que nos entretuvimos, dije con un falso aire compungido…

- ¡Por todos los santos! Es que han pasado muchas importantes cosas replicó atropelladamente.

El contramaestre ya los había visto, abocinó sus manos y vociferó:
- ¡Alonso, Mateo! ¡Por los Clavos de Cristo! ¡Los quiero ver aquí mismo! ¡Ahora!

- Os cuento rápido, continuó Pablo ya que lo debéis saber antes de embarcar.
Ayer por la tarde se presentó abordo una rica señora, una duquesa creo; no he visto nunca una mujer más bella, que aunque oculta por una toca, sus azules ojos tenían el destello del diamante. Habló con el Maestre y tras un breve trato compró el barco. Pero esto no es todo; contrató a toda la tripulación ya que quiere hacer una sociedad con varios galeones para dedicarse al comercio de Indias.

Repartió a cada uno diez ducados y produjo una locura a bordo.

Al médico Romo y a mí nos citó a parte para que lleváramos esta compañía con un sueldo escandaloso…

Pero tengo que daros una mala noticia a vosotros no os ha contratado y mira que insistí ponderando vuestras cualidades, especialmente en las tuyas de calafate; extrañamente siempre decía que no y al final que dijo una frase en latín que me está constantemente martilleando el cerebro algo así como: " Aspice me. Ego sum qui sum…"

Mateo sonriendo lo interrumpió completando:

- "Nulla vestigia retrorum"

- ¡Cristo Bendito! Dijo Pablo mirando fijamente a los ojos de Mateo con el destellante brillo de haber encontrado la solución.
¡Tú! ¡Cielo Santo!

Las estruendosas voces del contramaestre sonaron de nuevo.

- ¡Que cháchara es esa! ¡Os digo que vais a quedaros sin paga!


LAUS DEO
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<i><b>N<font size=2>ihil novum sub sole</font></b></i>

Editado por anboro en 07-05-2009 a las 11:49.
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