Primera mini salida en solitario.
Un pequeño paso para mi velero... ¡Pero qué salto cuántico para mí!.
Hoy he estrenado mi recién adquirida pastinaca, el amara. Por fín he vencido el miedo. O casi.
Llevo un par de semanas dándole vueltas. Que si me falta rezón, que sin seguro que no, que si esto o lo otro. Todo excusas.
Pero hoy se daban las circunstancias: viento suave, mar llana, la escuela de vela dando vueltas por ahí.... en fin, ¿qué podía salir mal?. Vale. Varias cosas, pero era poco probable.
Total, que me acerco al club, le pido el teléfono a la chica de la neumática (en serio, es por si tengo que llamarla si tengo problemas), me acerco con el dinghy al pastinaca, y comienzo la maniobra de montar todo el aparejo.
Me lleva un pelín de tiempo, la verdad. Ya sabéis: ¿esta es la driza de mayor?¿cómo era que se ponían las escotas de foque?¿por dentro de los obenques? y todo así.
Estoy admirando mi obra, y se me acerca un canijo de ocho años en piragua.
-necesita ayuda, señor?.
-no, gracias, chico.
Rayos!¿tan desvalido parezco?. Admitámoslo: niki de propaganda de una bolera, gafas de sol graduadas modelo don´t drive drunk, pantalones de pijo cuatro tallas más grandes de lo que necesito ahora, botas como las de los congeladores (con el calorazo que hace), y toda la cara sepultada bajo kilos de crema solar. Si. Tan desvalido parezco.
Estoy dando los últimos toques, amarro el dinghy a la boya, y suelto amarras. El amara se desplaza despacito hacia atrás. En mi cabeza suena música tatachántachán heroica. Se acerca la neumática del club.
-¿necesitas ayuda?
-No, gracias. Para volver a la boya no sé yo cómo será, pero ahora todo va bien.
-ya. Bueno, por aquí andamos.
Definitivamente, los del club no saben si zarpo o si se me ha escurrido la amarra de la boya.
En fin. Ya sin música interior me pongo a dar bordos. No me gustan las escotas del foque por dentro de obenques. Los cambio a por fuera.
Me encanta el navegar del amara. No ciñe mucho, claro, pero es sorprendentemente rápido para la figura rechoncha que tiene. Y no se escora. Puedes circular por la cubierta como si fuese un petrolero: apenas se resiente.
Traslucho. Coj.... la botavara tiene una altura adecuada, y la forma de aparejarla amortigua la trasluchada, por que si cobras un poco de cabo, lo devuelve rápido pero sin dejar que golpee la botavara. Una gozada.
La disposición de la escota de la mayor, saliendo por debajo de la caña, me parecía una disposición torpe. ¡Qué va!. Se puede coger la escota y la caña con la misma mano. Así te queda la otra libre para fijar o soltar las escotas de foque, rascarte la nariz o ponerte bien las gafas. Y si no llevas mordida la escota, puedes soltar escota sin soltar la caña. ¡Es la bomba!.
Hago un par de aproximaciones a boyas de amarre. Bien. Lo de no ceñir mucho obviamente restringe algo la capacidad de maniobra, pero el amara es perfectamente predecible, y un bote tan pequeño necesita realmente poco espacio. Podré entrar cuando las boyas tengan barco sin problemas.
Me abarloo al dinghy. Vamos a terminar por hoy la sesión. Los del club de vela se están reagrupando también.
Intercambio saludos con una lancha tradicional a vela que zarpa de las boyas. ¡qué bonitas son!.
Y en fín, este es el relato de mi primera navegada en solitario. No muy glamourosa, pero para mí un éxito notable. Ya os contaré cómo me va yendo. Pretendo hacer excursiones cortas a las playas cercanas. Ya veremos.
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Desde pequeño quería ser alguien. Lo he conseguido. Pero debería haber especificado más.
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