
11-05-2009, 07:16
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Capitán pirata
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Registrado: 15-11-2006
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Re: Charter....sin contro..!!!
2ª Parte admirado público.....
Después de cenar dimos una vuelta por la ciudad, pequeña y pintoresca, con las casas de uno o dos pisos pintadas de colores y callejuelas estrechas atestadas de todo tipo de comercios. En el paseo marítimo, se disponían las tabernas que con sus terrazas cubiertas ocupaban prácticamente toda la acera y por la calzada circulaban airosas las calesas adornadas por flores y tiradas por caballos. Por supuesto me acordé de Markel, mi hijo pequeño y casi pude imaginar la emoción que le hubiera causado ver los carruajes.
El día 26 de abril lo pasamos entero en la isla de Egina. Segundo Domingo de Pascua. Las campanas de las numerosas iglesias comenzaron a repicar temprano llamando a los fieles a misa. No nos despertaron no obstante porque madrugamos bastante. Según la guía de las islas griegas que llevábamos y que por cierto, resultó ser bastante inexacta, la isla de Egina es pequeña, de apenas 8 km de lado por lo que pensamos que alquilar un par de bicicletas podía ser una buena opción para recorrerla. Nos dirigimos pues a un local donde alquilaban todo tipo de vehículos y que atendía una mujer rubia, de unos treinta años, que resultó ser polaca. Hablaba con soltura inglés, griego y francés, siempre me ha maravillado la facilidad para aprender idiomas de los polacos. La madre de un compañero de mi hijo pequeño es polaca y habla castellano sin ningún tipo de acento.
La joven, muy amable y profesional nos desaconsejó la bicicleta por ser la isla muy montañosa y nos ofreció un Panda amarillo que finalmente alquilamos por 30 euros el día.
Nuestra primera parada fue en el templo de Apolo, a las afueras de la ciudad de Egina. Mi primer templo griego. Me resulta difícil describir la emoción que sentí. Las ruinas eran escasas, se conservaban únicamente las trazas de las calles, los cimientos de las construcciones y una única columna en pié a la que faltaba el capitel. Sin embargo, la sensación de estar en un lugar que fue sagrado, donde mis admiradísimos aqueos adoraron al dios de la música, la filosofía y la medicina, sólo podría calificarse de cercana al éxtasis. Entre las ruinas, rodeadas de pinos y olivos, florecían las jaras, el romero y la lavanda. El cielo azul, el olor a bosque y la cálida temperatura me hicieron sentir por primera vez, aunque ya llevábamos varios días en el país, que por fin estaba en Grecia.
Si es mucho tocho se avisa......
Salud
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