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Capitán pirata
 
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Predeterminado Re: Charter....sin contro..!!!

3ª Parte.....pensé cortarla pero no tengo autorización...y la "S.G.A.E" esta txunga...



En el mismo recinto, custodiado por tres mujeres de diferentes edades que hablaban entre sí y parecían conspirar se encontraba un pequeño museo arqueológico. Vestían cada una de ellas conforme a su edad y a parte de cobrarnos la entrada no nos hicieron el menor caso,. Allí pudimos ver, además de mucha cerámica, la esfinge de Egina. Mitad mujer, mitad león alado, en marmol blanquísimo, me llamó la atención el naturalismo de su rabo retorcido. Recordé y no sería la última vez, el mito de Edipo de Tebas.

Volviendo al Panda emprendimos el camino al templo de Afaia. Según la guía y así tuvimos ocasión de comprobarlo, se trata de uno de los templos dóricos mejor conservados de Grecia. Si la emoción qie experimenté en el templo de Apolo la he calificado de próxima al éxtasis, la que viví en Afaia me movió a hacer una promesa, la de no quejarme nunca más. Después de estar viviendo algo así, en plenitud de salud y junto a la persona amada, no me parecía que me asistiese el derecho a queja en adelante.

De regreso a la ciudad de Egina visitamos el santuario de Agios Nektarios, el último santo canonizado por la iglesia ortodoxa. La catedral se contruyó en 1994, en estilo bizantino, con su correspondiente gran cúpula y según dicen es el mayor templo ortodoxo del mundo después de Agia Sofía en Estambúl.

Junto a la puerta principal de la iglesia, un cartel en griego y en inglés, advertía de que para guardar el debido decoro, no se admitía la entrada de mujeres con pantalones. Allí mismo, en una silla había un montón de faldillas que a modo de delantal, se ataban a la cintura. Siguiendo el ejemplo de una mujer que estaba a punto de entrar en la catedral me puse una de aquellas faldas pero al poco tiempo ví entrar a otras muchas que a pesar de parecer muy devotas por la forma en que se santiguaban y besaban los iconos, iban tranquilamente en pantalones y bien ceñidos en algunas ocasiones.

La iglesia seguía el patrón de los templos ortodoxos: frescos decorando las paredes y la cúpulas, dorados iconos de santos y santas en los altares laterales, gran lámpara, altar central y penetrante olor a incienso y cera. Todas las velas son de cera auténtica, observó Iñaki, encendiedo una de ellas.

Ya en el exterior, un hombre vendía recuerdos del santuario. Le preguntamos por el camino a Palaiochora y nos dio unas indicaciones muy precisas en ingles. Le compramos dos tablillas de Agios Nektarios y de la Virgen María y un pequeño crucifijo azul pensando en Markel y su afición a las cruces.

Palaiochora es un lugar singular. Una ladera rocosa en la que se ven como empotradas, cientos de capillas de estilo bizantino. Subimos entre los pinos, por el tortuoso camino de acceso labrado en piedra dejando a derecha e izquierda las pequeñas ermitas, muchas de ellas aún con culto, a juzgar por las velas encendidas y las flores que se veían en su interior. Estábamos prácticamente solos. Parece ser que los isleños contruyeron este conjunto de iglesias en el siglo XVI, en esta montaña en lo más recóndito del interior de la isla para protegerse de los ataques de los piratas y otomanos.

De nuevo en Egina capital, hacia las 13:00, fuimos a devolver el Panda puesto que aunque lo teníamos alquilado para todo el día , teníamos intención de zarpar a primera hora de la tarde hacia la isla de Poros.

No fue así. Después de comer una deliciosa ensalada de rúcula, tomate y cebolla, salchichas griegas y queso, empezamos a ver que se nublaba, soplaba un fuerte viento y amenazaba lluvia. No nos gustó el cariz que estaba tomando el tiempo y decidimos quedarnos. Debo decir que influí bastante en esa decisión, no me apetecía demasiado navegar con mal tiempo, para ser franca en realidad me aterraba la posibilidad de enfrentarme a una tormenta, en un barco que no era el nuestro, en un país desconocido, hacia un puerto de destino con extrañas costumbre de amarre. Me parecía mucho más sugerente dar una vueltita vespertina por el paseo marítimo de Egina y tomar unas cervecitas.

Me salí con la mía, sin tener que insistir demasiado y pasamos una tarde estupenda. Compramos medio kilo de anchoas en el mercado, visitamos una pequeña iglesia ortodoxa en el barrio del puerto: Agios Nikolaos, no podía tener otra advocación, y por último nos sentamos en la terraza de una taberna. Allí tomamos nuestra primera cerveza Mythos de medio litro, posteriormente vendrían más hasta convertirse casi en una adicción. Estando allí sentados presenciamos una curiosa escena que seguramente tiene alguna explicación que quizás podamos encontrar más adelante en este viaje o de regreso a casa preguntando al poderoso oráculo de internet. El caso es que de un taxi, bajaron un padre, una madre y un hijo con una maleta y un farolillo encendido. El padre saludó efusivamente al dueño del local y a continuación todos ellos se sentaron en una mesa colocando el farol en el centro de la misma y pidieron sus consumiciones. A ninguno de los numerosos clientes de la taberna pareció sorprenderles el hecho por lo que seguramente se trate de una tradición local, más que de una excentricidad de la familida



Mas adelante,sale algo el barco ...si alguien se ofrece le envio fotos y las cuelga....
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