Tengo que decir que en mi anterior puerto NUNCA han venido los marineros a darme las amarras. Nunca. Tampoco les llamé porque no os necesité. Y hasta que la Princesa Bacana se hizo J.A.Y.D.A. (Jefa de amarres y desamarres accidentados) ; justo desde ese momento, por supuesto sin avisar, venían de tres en tres. Y tengo testigos tabernarios que pueden dar fé de ello
En el puerto actual vienen -casi- siempre. Sin llamar...