Re: Charter....sin contro..!!!
Según nuestra guía de viajes, en Poros existe un templo dedicado a Poseidón, cerca del cual parece ser que se suicidó Demóstenes para no tener que rendirse a los macedonios.
Las indicaciones sobre la situación del yacimiento no eran demasiado precisas y teniendo en cuenta la trayectoria que llevábamos, ni siquiera me atrevía a recordar al patrón nuestra intención inicial de visitarlo.
Lo que si hicimos fue ir a comer a una clásica taberna de pié de puerto, donde por primera vez probamos la comida del país. Deliciosa. No puede decirse otra cosa de la comida griega: sencilla, sabrosa y sienta de maravilla. Pedimos la típica Greek salade con su pepino, tomate, aceitunas y sobre todo su queso de cabra y su aliño de aromáticas que no supe identificar pero que me supieron a gloria bendita Después tomamos un plato de pescado para dos con sus langostinos, mejillones, pescaditos rebozados y calamares. Sí, calamares, que se dice y pronuncia exactamente igual que en castellano. Todo ello regado con la consabida Mythos de medio litro.
Después de comer, ya en el Celeste, y ahora que lo pienso aún a penas lo he descrito, en seguida lo haré, continué con la Odisea. Ya los dioses se habían apiadado del ingenioso Odiseo y el héroe había llegado al país de los Feacios, donde gracias a Atenea y a Nausicaa, hija del rey Alcínoo le habían recibido con honores y prometido una velera nave con fuertes remeros para volver a su patria.
Así, en Poros, firmemente amarrados en el puerto, sentíame como en una especia de Feacia, que por cierto tengo que averiguar dónde está, si es una tierra ficticia o se localiza en algún sitio físico, puesto que los habitantes de la isla eran ciertamente acogedores.
Y ahora sí, describo el Celeste. 36 pies, amplia bañera con su mesita plegable. Timón de rueda con los instrumentos electrónicos de navegación y el compás delante. La bañera está cubierta por una capota azul que nos protege del sol, la lluvia y el viento. Mayor y Génova enrollables, muy práctico con una tripulación tan escasa como la nuestra, un potente motor de 42 caballos, con un depósito de combustible de 135 Ltrs y dos tanques de aguade 150 Ltr creo recordar.
En proa, fuertemente amarrada una lancha neumática, imprescindible en estos mares, cuyo motor fuera borda se sujeta en uno de los balcones de popa y cuenta con una polea para manipularlo. El interior es impecable. aunque impera bastante la melamina...asientos de skay blanco en el salón. Junto a la mesa de cartas, bien surtida de ellas por cierto, el GPS y la radio, además de un aparato de radio-CD muy útil para escuchar música porque los informativos en griego somos incapaces de entenderlos. Tres amplios camarotes, muy confortables para mí, aunque el metro noventa y dos y los más de cien kilos de peso del patrón son difíciles de acomodar. Excelente equipamiento de ropa de cama y toallas, tal vez hasta excesivo para nosotros. La cocina perfectamente equipada, con horno de gas y una magnífica nevera de gran capacidad. Agua caliente, fregadera con dos pozos y un pequeño baño con ducha y un armarito detrás del espejo que nos ha costado bastante descubrir. En suma un pequeño apartamento al que nos hemos acostumbrado de tal manera que en tres días estamos como en casa.
El barco inglés que estaba amarrado delante nuestro estaba tripulado por tres personas, dos mujeres y un hombre que pasaban de los 60 años. Parece que tenían problemas con el motor y a lo largo de la tarde varios mecánicos fueron acercándose a la embarcación. A penas cruzamos palabra con ellos a parte de los consabidos God morning, hello y esas cosas. De todas maneras siempre me ha sorprendido esta gente ya de cierta edad, casi nunca españoles que andan navegando en velero por el mundo. No sé, se supone que con esos años ya las personas duermen mal, tienen lumbalgias, artrosis, hipertensión, colesterol y todo eso, la verdad es que me parece un tanto inexplicable, se jubilan y ¡venga!, a navegar por ahí. Tal vez es su sueño.
Mientras yo continuaba leyendo la Odisea, otros barcos se acercaron a puerto y todos amarraron igual que nosotros, ninguno de popa al estilo local. ¡Menos mal!, al menos se fue mitigando mi sensación de estar dando la nota. Entre tanto, Iñaki se puso a enredar con el ancla. Cuando me dijo eso de voy a echar un vistazo a ver si lo arreglo y no tenemos que esperar al técnico de Fylovent, yo ¡oh, desconfiada esposa!, temí que fuera a provocar una avería aún mayor y recordé las palabras de Tony en Atenas: cualquier problema llamáis. Sin embargo lo arregló y llamó al técnico para decirle que no hacía falta que viniera.
Al poco pasó el encargado del puerto y nos cobró 3,5 €, advirtiéndonos de que debíamos marcharnos antes de las 9:30 del día siguiente puesto que había programada una exhibición de barcos para el día siguiente.
Una vez pagado el amarre fuimos a comprar provisiones, dar una vuelta por el pueblo, y todo eso que se hace cuando llegas a un puerto. Al anochecer, las tabernas encendieron sus guirnaldas luminosas y nos sentamos en una de ellas a tomar una Mythos. Nos sacaron una tapa o aperitivo a base de tiras de zanahoria y pepino, aliñadas con una de esas vinagretas tan ricas que preparan en Grecia. Como siempre y esto no es exclusivo de este país pues en el nuestro también se da, se nos acercaron varios vendedores a ofrecernos CDs y DVDs. Observamos que todos parecían de origen hindú por sus rasgos, curioso, porque en España suelen ser negros.
Volviendo al barco, vimos a uno de los vendedores sentado en un banco, mirando al mar, con una expresión de derrota absoluta. No sé si para nuestra vergüenza no hicimos nada, sólo pasamos a su lado. Desde luego, tampoco quedamos impasibles y comentamos el hecho, pero la realidad es que no pudimos, no supimos o no quisimos ayudarle. Yo pensé que él, al igual que nosotros era extranjero en esa isla, sólo que los motivos de su viaje eran completamente distintos y desde luego su situación no tenía nada que ver. Culpabilidad, sí eso es exactamente lo que sentimos.
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Navegar...Vivir...Amar...
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