Que son ganas de complicarse la vida, en la Ría del Piedras, un colega sacó del agua a una señora casi a punto de entregar la cuchara que cuando volvió en si declaró haber sido arrojada del barco por su marido.
Este se ahorró el curso de submarinismo, el viaje a las antípodas y las molestias de la inmersión.

