Re: La diferencia entre amar el velero y amar la idea del velero
Cita:
Originalmente publicado por berrincha
AZUL ARENA
El océano acepta a todos pero tiene su ley, que no todos aceptan.
Todos soñamos con un viaje a la nada.Al vacío. Al desierto. Nuestro desierto particular. El mío es azul. Como el de tanta gente. Pero podría ser de cualquier color: marrón Sáhara, verde Amazonia, incierto Monegros...
En realidad nuestro deseo tiene mucho que ver con los instintos primarios del Homo Sapiens. La vuelta a los orígenes. Un pequeño, aunque rotundo NO a nuestra realidad.
Tal y como están las cosas, conseguir salirse de esta vorágine existencial en que se ha convertido vivir, especialmente para el Sapiens Urbanita, pasa por alejarse física y psíquicamente de los escenarios habituales donde representamos nuestro teatro diario que a veces, de puro real, espanta. Y ahí es donde empieza nuestra huída, nuestro sueño. Y como decía el mío es azul y sabe a sal. Sal marina.
En ese espacio desnudo, de piel oscilante y de energías únicas y demoledoras, no existen los escondites. Y aunque trates de engañar y engañarte, eso no es posible. A medida que te vas alejando de la costa, del puerto seguro, el lastre interior de cada uno de nosotros se va quedando atrás. Como un largo reguero de certidumbres autoimpuestas y desnaturalizadas. Por algo decimos "soltar amarras" y si es con rumbo desconocido mejor.
Ahí fuera, donde todo lo positivo y negativo se acrecienta, no hay ni mucho sitio ni durante mucho tiempo para la mentira. No hay tantos asideros ni escapes como en nuestra vida habitual.
El mar, el océano, acepta a todos, pero tiene su ley que no todos aceptan. He navegado con todo tipo de gente. En grupos grandes y pequeños. Acompañado y solo. Y he constatado cada una de estas realidades. He visto amistades irrompibles hacerse pedazos .Personajillos enquencles que resultaron ser de auténtico acero. Autoproclamados "lobos de mar" temblar mudos durante días. He visto el egoísmo y la generosidad sin límites. El miedo en estado puro. También el mío. Nacer amores relucientes y odios inextinguibles...Tanto si te dejas como si no, el océano te va quitando poco a poco, una a una, todas las conchas que cada uno de nosotros nos vamos adosando para poder sobrevivir. Un par de semanas navegando en un velero -una motora es otra cosa, lo siento-, suele ser suficiente para que aflore lo mejor y lo peor de nuestra personalidad, de nuestro carácter.
En el océano, lo que es, ES. Todo lo demás se evapora. Ahí el miedo es auténtico miedo. La risa termina siendo verdadera y honda. El espíritu de grupo o la insolidaridad se hacen presentes sin tapujos. El tiempo transcurre de otra forma. A otro ritmo. Y el mimetismo espiritual con el medio, finalmente se hace total.
Quizá por todo ello, nunca he conocido a nadie que saliera indiferente de una navegación a vela. Claro que para un navegante de hace tres siglos, no resultaba lo mismo que para cualquiera de nosotros.Y es que no estaba tan lejos de sus orígenes primarios como lo estamos nosotros. Quizá por esos quince dias de "retroceso", sin tanto MP3, sin tanto techo, sin tantas seguridades, salimos fortalecidos, a veces inconscientemente, de ese reencuentro con la energía de nuestras raíces. El feliz reencuentro con lo que nunca podremos dejar de ser: animales y humanos. Quizá por eso o porque la mayor parte de nuestro organismo es agua. O por el salitre. Quién sabe...

|
Magníficamente expresado. Muy elocuente. Se perciben perfectamente tus sentimientos.
Yo también creo que hay personas para las que, lo que tu llamas poéticamente la ley del océano, es decir, el afán de superación -el reto que lanzan a la vida-, lo viven más en un medio hostil.
He oído expresar los mismos sentimientos, de manera muy semejante a escaladores que, después de salvar la vida y haber perdido algún que otro dedo por congelación, hablan de rotundo éxito. A espeleólogos que, heridos en una cueva fría, húmeda y casi totalmente a oscuras, mientras esperan que los saquen, planean ya la próxima bajada y corrigen mentalmente los errores cometidos. Uno de estos últimos, de trabajo seguro pero rutinario y poco retribuido, pequeño, poco agraciado, de conversación aburrida (aunque un compañero magnífico y más bueno que el pan), cuando contaba sus experiencias se transfiguraba y hasta parecía guapo e interesante. Supongo que es del tipo enclenque pero seguro de sí y valiente del que tu hablas.
La misma idea, la misma pasión, distinto medio.
Pero hay otro tipo de gente que no siente esa pasión por el reto ante un medio físico (quizá porque física -cuestión de genética- y anímicamente son distintos a los otros) y no precisa para aislarse completamente un desierto, ni verde ni azul ni blanco ni negro. Suelta amarras de otra forma: entregándose, casi obsesivamente, a la investigación científica, a la música, a la pintura, a los demás… a una idea al fin y al cabo, a la propia idea de vivir.
En el fondo creo que siempre es una huida, un soltar amarras, porque no sabemos a ciencia cierta de dónde venimos y, sobre todo, adónde vamos.
Y luego estamos los hedonistas y algún que otro Capisol.
__________________
Vive y deja vivir,
pero vive como piensas,
o acabarás pensando como vives.
|