Pues yo creo sinceramente que no están muy trucadas. Puede que les meta con algún programa de edición algo de tonalidad, pero yo que soy aficionado al surf, y me han revolcado un montón de olas, os confirmo que hay fracciones de segundo, antes de que te sientas como un trapo en una lavadora, que tienen la magia que el fotógrafo plasma en sus fotos.
Lo que si que tengo claro es que está como un cencerro, ya que meterse un día gordo en la orillera de Waimea, donde te rompen encima de la cabeza cientos de toneladas de agua con un fondo no superior a un metro, para sacar una foto bonita, no es propio de una cabeza sana.
Ello no quita para que

por él y por su huevos para que nos siga regalando estas joyas de agua salada.