Re: Rincón literario
. . . A nuestros muy amados seniores y hombres buenos, a los beneméritos de la vida y despreciadores de la muerte, ordenamos, mandamos y encargamos:
Primeramente, que no sólo puedan, sino que deban decir las verdades sin escrúpulo de necedades, . . . que den consejos por oficio, como maestros de prudencia y catedráticos de experiencia; y esto, sin aguardar a que se les pidan, que ya no lo platica la necia presunción, . . . Dirán mal de lo que parece mal, mucho más de lo que es malo, que esto no es murmurar, sino hacer justicia; y lo que en ellos sería recatado silencio, entre la gente moza pasaría por declarada aprobación. Alabarán siempre lo pasado, que de verdad lo bueno fue y lo malo es, el bien se acaba y el mal dura. Podrán ser malcontentadizos, por cuanto conocen lo bueno y se les debe lo mejor. Premíteseles el dormirse en medio de la conversación, y aun roncar, cuando no les contentare, que será las más veces. Corregirán a los mozos de continuo, no por condición, sino por obligación, teniéndoles siempre tirante la brida, ya para que no se despeñen en el vicio, ya para que no atollen en la ignorancia. Dáseles licencia para gritar y reñir, porque se ha advertido que luego anda perdida una casa donde no hay viejo que riña, y una suegra que gruña.
Item más, se les permite el olvidarse de las cosas, que las más del mundo son para olvidadas. Podrán entrarse libremente por las casas ajenas, acercarse al fuego, pedir de beber, alargar la mano al plato, que a canas honradas nunca ha de haber puertas cerradas. Permíteseles el encolerizarse tal vez con moderación, no dañando a la salud, por cuanto el nunca enojarse es de bestias.
Item que puedan hablar mucho, porque bien; aun entre los muchos, porque mejor que todos. Súfreseles el repetir los dichos y los cuentos que siete veces agradan y otras tantas enseñan, hiriendo de casera filosofía. Cuiden de no ser muy liberales, atendiendo a que no les falte la hacienda y les sobre la vida. Excusarse han del no hacer cortesías, no tanto por conservarse, cuanto porque no ven ya las personas como solían y que desconocen los hombres de agora. Harán repetir dos y tres veces lo que les dicen, para que todos miren cómo y lo que hablan. Háganse dificultosos de creer, como escarmentados de tanto engaño y mentira. No darán cuenta a nadie de lo que hacen, ni tendrán que pedir consejo sino para aprobación. No sufran que otro alguno mande más que ellos en su casa, que sería querer mandar los pies donde hay cabeza. No tendrán obligación de vestir al uso, sino a su comodidad, calzando holgado, por cuanto se ha advertido que todos cuantos calzan muy justo no pisan muy firme.
Item más, podrán comer y beber muchas veces al día poco y bueno, y tratar de su regalo, sin nota de gula, para conservar una vida que vale más que las de cien mozos juntas, y podrán decir lo que el otro: Yo soy largo en la Iglesia y en la mesa, y no me pesa. Ocuparán los primeros asientos en todo lugar y puesto, aunque lleguen tarde, pues llegaron al mundo primero, y podrán tomárselos cuando los otros se descuidaren en ofrecérselos: que si las canas honran las comunidades, justo es que sean honradas de todos. Mándaseles que en todas sus cosas procedan con espera, y así podrán ser flemáticos: que no procederá de cansados, sino de pausados y prudentes. No tendrán que ceñir acero los que han de caminar con pies de plomo, pero llevarán báculo, no sólo para su descanso, sino para las correcciones prontas, aunque no gusten los mozos de tales besamanos. Podrán ir tosiendo, arrastrando los pies y hiriendo fuerte con los báculos, como gente que hace ruido en el mundo, atento a que todos en la casa se irán recatando dellos, ocultándoles las cosas. Podrán, por el mismo caso, ser amigos de saberlo todo y preguntarlo, y atendiendo también a que si se descuidan en saber los sucesos se irían ayunos de muchas cosas ala otra vida, podrán informarse qué hay de nuevo, qué se dice y qué se hace; demás, que es muy de personas el querer saber lo que en el mundo pasa. Excúsese de su seca condición en achaque de su seco temperamento, templando con su austeridad el demasiado bullicio y la necia risa de la gente joven. Que puedan quitarse años, ya por los que les impondrán, ya por los que ellos en su juventud se impusieron. Tendrán licencia para no sufrir, y quejarse con razón, viéndose mal asistidos de criados perezosos, enemigos suyos dos veces, por amos y por viejos: que todos vuelven las espaldas al sol que se pone y la cara hacia el que sale; sobre todo, viéndose odiados de ingratos yernos y de nueras viejas. Haránse estimar y escuchar, diciendo: «Oíd, mozos, a un viejo que cuando era mozo los viejos le escuchaban.» Finalmente, se les encarga que no sean chanceros, sino severos, estando siempre de veras atentos a su madurez y entereza . . .
de El Criticón, Baltasar Gracián.
no digo . . . ná.
__________________
Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.
Poder volar cuando la tarde muera ...
|