si a los 50 años, tras mucho trabajar, me puedo permitir el lujo de comprarme un barquito, repararlo con mis manos (a pesar de la artrosis) y con la ayuda de amigos más sapientes y muy generosos, y navegarlo es mi mayor placer, lo que opine el prójimo me la trae floja. comparto mis alegrías con quienes sé que por quererme bien se alegrarán conmigo, comprendan o nó mis gustos. y el resto: a tomar por.....la lúa.


y buenos vientos.