Cierto que hay muchas luces y muchas piedras, de estas últimas tantas como fantasmas que presumen de conocerlas todas

, en mi familia unos cuantos.
Tambien es cierto que echando un vistazo a la carta y con un poco de sentido común es fácil evitar las piedras desde un vela ligera.
Hace muchos años un primo mío y yo nos dedicabamos a recorrer el "Mar de Indochina" a bordo de un vaurien acrucerado, con su rezón y cabo de fondeo. Nos dedicabamos a conocer playas, aldeas, chiringuitos y por supuesto, chicas.
Recuerdo que echabamos en una bolsa del El Corte Inglés un par jerseis, un par de chubasqueros, algún bocata de queso San Simón y una botella de agua. Ni imaginabamos que existian trajes de agua, era todo muy primitivo y enxebre. Era todo muy auténtico.
Nos gustaba mucho ir a la isla del Areoso, en aquellos años era un paraiso donde solo fondeaban algunos veleros ingleses y franceses a los que les pedíamos subir a bordo para conocer lo que era un yate de vela de verdad.
El barco en aquel entonces lo dejabamos varado en la playa ó en la rampa del puerto, no habia que pedir permiso a nadie ni nadie atentaba contra el barco.
Tengo muy buenos recuerdos de aquella época, y aunque nuestras aventuras no son comparables a la tuya, para nosotros eran cosas importantes. Siempre navegabamos de día y nunca más allá de la línea que une el Grove con Ribeira.
Espero que de tu aventura nos cuentes algunos capítulos más. Vayan unos ribeiros (este año vuelve a estar de moda).