
Me encanta.
Navegantes de invierno, sin hora de partida ni rumbo fijo, que maniobran en medio de la nada para no se sabe qué, que pasan horas en el barco acicalando por dentro y por fuera, pertrechando, arranchando y preparando la navegación del siglo que luego no compartirán con nadie, porque, no nos engañemos, este placer es muy propio, muy de cada uno. Normal que no encaje en todos los espíritus.
Apuntadme al club.
Comandante Juanitu.