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El Quisqueyano
 
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Predeterminado Re: ¿Y por que nos gustan los faros? y cuales

El farero, una profesión de sueño


Los fareros y fareros del Occidente: fue una de las profesiones más arraigadas en la zona pero la llegada de las nuevas tecnologías sacó a los hombres del interior de los cilindros que avisaban a los marineros. Los fareros ya no duermen dentro del faro y ahora sólo un hombre se encarga de que los ocho grandes linternas del Occidente den los avisos a tiempo. La esencia del romaticismo de quienes vivieron en ellos sigue intacta pero saben que su vocación ya no tiene relevo generacional.



Tapia de Casariego,

Ortiguera



Hay profesiones que, además de ser un medio y modo de vida, llevaban consigo añadidas el romanticismo de otros tiempos, de cuando el GPS y la línea ADSL no eran más que unas iníciales que auguraban unos cambios que parecía que nunca llegarían. Pero estas letras tomaron forma real y se llevaron consigo la esencia de trabajos que cayeron en el olvido, una de esas profesiones, ahora perdidas, fue la de farero. En el Occidente de Asturias ya nadie duerme en el faro y ahora sólo un hombre se encarga de mantener a punto estas enormes linternas que siguen alertando a los barcos de la galerna y la peligrosidad en la mar. El farero, como tal, ya no existe.

Los ochos faros que se levantan en la costa más occidental (Avilés, San Esteban, Busto, Vidío, Luarca, San Agustín y Tapia de Casariego) se encuentran solitarios, a merced del rugir del mar pero aún hay alguien que los mima a diario. Orlando García, tiene 54 años y es el encargado de mantener a punto a los ocho vigilantes que se dispersan en la costa cantábrica más occidenta. Orlando, que sabe que su profesión no tendrá relevo, mira hacia atrás con cierta nostalgia «cuando el farero era un farero de verdad» y explica que, antes las labores de mantenimiento del faro requerían de atenciones que obligaban al farero a dedicarle el día a la infraestructura. Los sistemas para coordinar las señales marítimas dependían antes de procesos más sencillos y manuales, «habían que cambiar las bombillas, limpiar el faro y marcar el ritmo de las señales, antes nos dedicábamos en cuerpo y alma a la profesión», explica.

Sin embargo a pesar del cambio en la parte técnica el faro sigue siendo hoy igual de necesario que hace años para guiar a los que se enrolan en la mar, ya sea para pescar o para practicar algún tipo de afición náutica. Lo que ocurre es que ahora todos los faros funcionan por sensores que son capaces de avisar al sistema de cuando cae la noche para que las luces se enciendan, a través de las señales que se emiten desde el instituto geográfico.

Hasta el año 93, fecha en la que la nueva ley de puertos del Estado entrado en vigor y que supuso la modernización de los sistemas de señalización marítima, el farero tenía que recurrir al libro de orto y ocasos que señalaba la hora precisa en la que el faro tenía que comenzar a dar luz para guiar a los marineros. El faro era para los que trabajaban en el una segunda casa, incluso para muchos la primera, donde los ratos libres se dedicaban a la escritura, la pintura y la lectura.

Ahora la labor de Orlando es distinta, él se encarga del mantener a punto los sistemas de los ocho faros del Occidente y para ello cuenta con un equipo de técnicos a los que dirige para llevar a cabo algún tipo de renovación en los equipos pero «ya nadie se queda a dormir dentro», explica Orlando García. La nostalgia está presente en todos los que apostaron por dedicar su vida a marcar el camino en la mar y se nota en el tono de Orlando, la resignación de alguien que ha tenido que adaptarse a los cambios para mantener su profesión vocacional. «En el año 93 dejamos de ser funcionarios y empezamos a trabajar para los servicios marítimos de la autoridades portuarias, muchos decidieron buscarse otra dedicación cuando aquello, pero yo intenté seguir adelante y aquí estoy, aunque ahora paso la mayor parte del día en la carretera y esto se ha convertido en un trabajo muy distinto, de coordinación y seguimiento». Sin embargo a pesar de los momentos de dedicación a la mar y al marinero, quedan en el recuerdo los momento vividos en los que una señal consiguió salvar a alguien de un naufragio y los momentos duros, que también los hubo «como cuando un yate de una pareja de ingleses naufrago, una tarde de galerna, al intentar entrar en el puerto de Tapia, esos momentos son muy duros», explica Orlando.

Las nuevas tecnologías han conseguido mecanizar incluso a aquellos trabajos en los que la mano del hombre parecía imprescindible. Hoy sólo los que vivieron en el faro, saben que aquella profesión que exigía mimos, cuidados minuciosos y un amor sellado de por vida con el mar, nunca volverá, pero Orlando aún aprovecha muchas tardes para sentarse en el faro a leer y escuchar las olas romper contra el mar.

Y cuando la linterna lanza su primera señal, cuando se hace de noche, a veces, mira el libro de ortos y ocasos y comprueba si la tecnología es tan precisa como lo que le marca su ojo profesional desde su casa de Tapia de Casariego.

http://www.lne.es/secciones/noticia....rero-profesion
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