Resto del 04 y 05/06/2009
Pues resulta que el mecánico volvió y, después de unas tres horas, el motor quedó arreglado de nuevo.

Eso si, la factura fue algo elevadilla.

La maldita bomba de inyección tenía algunas piezas defectuosas que fueron cambiadas. Entre ellas el anillo y el empujador. Menudo cachondeo tuvieron Alberto, Jorge y maese Liman (que apareció por la tarde para vernos un rato) con aquello del “anillo” y del “empujador”. La verdad no se me ocurre a que se referían, porque hablaban también de no se que de agacharme (para saludar al mecánico, digo yo).
Sea como sea el asunto quedó arreglado. Lástima que ahora nos quedaremos un par de días en Aguadulce porque se prevé un viento bastante fuerte del W y no es cosa de pasarlo mal.
Total, una cenita y a dormir que ya va haciendo falta.
Al día siguiente la previsión estaba en lo cierto. Ya desde la mañana el viento hace de las suyas y va arreciando a lo largo del día hasta llegar a su máxima intensidad a eso de las 14:30. Pero el puerto de Aguadulce está muy protegido y el barco prácticamente no se mueve.
Y… ¿Qué hicimos?. Pues lo típico: compra, comida (paella), siesta monstruosa mientras veíamos una película ya conocida (Duelo en el Atlántico) ratos de chaleta… en fin, todas aquellas actividades que resultan tan estresantes para unos pobres jubilados como nosotros.

Lo único a destacar es que me metí en el agua para desenredar el lío ese que asomaba por popa y que resultó ser un cabo con adornos de otros en la punta, combinado con algunos plásticos. Salió a la primera y, aprovechando, me di un buen bañito en el puerto que tiene el agua bastante limpia y transparente. El baño fue magnífico.