Tal vez sea mejor no hablar, cierto.
Pero hay que dar alguna pista a quienes nos siguen.
Los fenómenos aludidos se quedaron en la memoria por su calidad de inesperables. En aquellos años, algunos de mis compañeros y yo habíamos iniciado un camino de concentración absoluta en lo que [i]debíamos [i]hacer, tras haber descubierto que no sería posible hacer lo que [i]queríamos[i]. Nuestras novias se casaban con otros, nuestros padres ya no nos echaban de menos, los amigos de tierra nos habían olvidado... Así que la opción de "ser" barco se presentaba como muy tentadora. Muchos lo intentamos, y algunos tal vez lo consiguieron.
Por eso, los ruidos extraños, las luces misteriosas, el comportamiento atípico de la naturaleza, creaban una desazón mayor de la que podría ser normal, puesto que ponían de relieve el desconocimiento. La antítesis de la integración absoluta con el entorno.
Alguno de mis compañeros pilota hoy su barco de un modo que puede parecer mágico. Desprovistos de ambición, sin deseo de demostrar nada, cuando navegan son parte del barco. Son el barco.
Puestos a hablar de Lao Tse y similares, ahí va esto:
http://www.cuentometro.com.ar/753.htm