Re: Mi 1ª navegación en solitario... jaimitadas varias y un piloto de fortuna
NAVEGANDO...
Una vez izadas las velas, y dándole al correspondiente botoncito del piloto, he tomado uno de mis rumbos preferidos (hacia el cabo San Martín y la isla del Portitxol), he trimado las velas, y me he puesto a la rueda. Con lo que no contaba yo es que, al ir en solitario, y siendo una loca del trimado , poco tiempo he podido permanecer gobernando. He vuelto a echar mano del piloto “de verdad” para ir haciendo ajustes en las velas, ya que el viento estaba racheado y roloncete. Y aunque mis velas, enrollables las dos y con unos catavientos indecentes en el génova, que siempre se enganchan en las costuras de la vela, y sin catavientos en la mayor , no “hablan” tan bien como las tradicionales de toda la vida de dios, me empeño en ajustarlas hasta que pintan como me gusta, comprobando si los ajustes que voy haciendo aumentan o disminuyen la velocidad del barco (para lo cual, tengo que introducir mi apéndice cefálico en la cabina, ya que mi barco es algo rarito , y lleva el GPS y sus datos en el interior, cosa que me dispongo a solucionar en breve).
Como eran las 15 h cuando izaba velas, me estaba entrando una gazuza más que respetable, así que he decidido virar para alejarme de la costa y poder zampar con tranquilidad. Como pretendía virar a base de piloto, he ido orzando a base del botoncito, he ido cazando mayor, y cuando estaba a unos 45º de ángulo de viento, le he dado a los botontes para virar 100º a babor. El piloto ha dicho que sí, que viraba, y eso ha hecho inicialmente. La proa ha pasado el viento, y cuando el génova había pasado ya de banda y estaba yo cazándolo, el piloto se ha rebelado , y ha decidido que no, que así no, que otra vez a estribor, y esta vez ha querido (y ha hecho) una virada de unos 180º... génova acuartelado, trasluchada de mayor (menos mal que iba muy cazadita), y yo diciéndole la piloto: “¿Pero qué co*o haces, jodío?” Claro, que el tío, ni se ha dignao en contestar, ha seguido a su bola, y yo soltando una escota, cazando otra, abriendo mayor (me ha dejado el viento por la aleta y el barco mirando pa Cuenca)... en fin, un cacao, que ha terminado con toda la cabina hecha un maremagnum de bolsas, mochilas y algunos otros objetos personales dispersos por todo el suelo.
Apago el piloto muy mosqueada con él, aguanto la rueda con mis queridos mosquetones mientras voy trimando para poner un rumbo NE a unos 60º de ángulo de viento, para separarme de la costa e ingerir la tan deseada manduca. Pero el viento arreciaba, ya soplaban unos 20 kn, y he querido retrasar el escotero del génova antes del merecido descanso, así que me he ido al pasillo de estribor y me he puesto a la incómoda tarea de desplazar el escotero (en cuanto pueda, lo sustituyo por uno de cabos y poleas, o dejo de llamarme como llamo). En ello estaba, cuando se me vuela la gorra, quedando en un equilibrio precario en el pasamanos de babor... me lanzo en plancha sobre la cubierta para recuperarla, resbalo, se me sale un zapato y se cae al mar con un “plof” apenas perceptible... ¡Joer con el puto escotero, y con los zapatos holgados por el uso! Miro con lástima cómo mi zapato busca su propio camino por esos mares de dios, tras recuperar mi querida gorra (era del capi), consigo retrasar el escotero, me aseguro de que todo está en orden (es un decir ) y me introduzco en la cabina para ponerme otros zapatos (menos mal que llevaba repuesto), coger mi bocata, una cocacola fresquita, y por fin, con el barco a rumbo, los dos pies calzados, y la cabeza cubierta, me siento tranquilamente a engullir un bocata de jamón con tomate que me ha sabido a gloria bendita, beberme la coca en tres tragos, y fumarme un cigarrito, que merecido lo tenía.
Cabezota como soy, he vuelto a probar el piloto “de verdad”, que otra vez hacía como que funcionaba, el muy hipócrita. A partir de ahí, y puesto que el objetivo era, además de disfrutar como siempre navegando, probar lo que podía hacer sola, me he dedicado a probar distintos rumbos, ceñidas a rabiar , descuartelar, través.... Los portantes los he dejado para el final, que siempre han sido los rumbos que menos me han gustado. He practicado viradas, por avante, trasluchando, siempre intentando hacerlo con ayuda del piloto automático, que unas veces ha querido y otras no... Cuando el señorito se negaba, y puesto que el aparejo de los mosquetones sólo me servían para mantener un rumbo constante y no para ir virando, pues nada, a mano, desde delante de la rueda, planificando bien toda la maniobra, y utilizando las dos manos para las escotas y a veces uno de los pies para la rueda (cómo he echado de menos la caña, gensantísima, que la puedes mantener entre las piernas – con perdón – mientras con las extremidades superiores apañas las escotas que, además, están más a mano que en los barcos de rueda). El piloto de fortuna me ha venido fenomenal para mis manías trimadoras una vez establecido el rumbo, para controlar la velocidad en el panel de la mesa de cartas , y para fumarme algún cigarrito con tranquilidad... Eso sí, al ir de ceñida, si el barco tiende a orzar, el piloto de fortuna no corrige el rumbo, así que había que ir con la escota de la mayor en la mano, para amollar cuando cargaba más la racha, y cazar cuando disminuía... un sin parar, oyess...
La cocacola ingerida a la velocidad del rayo, ha hecho que al poco rato me entrara una perentoria necesidad de evacuar mi vejiga (perdón por lo escatológico, pero es lo que hay)... Bueno, ¿y ahora quién vigila si se acerca algún aguerrido navío en rumbo de colisión? Porque claro, no es lo mismo coger rápidamente un bocata ya preparado y unos zapatos, que otros asuntos más entretenidos... Pues hala, un oteo cuidadoso de 360º, ningún obstáculo a la vista... Al asunto... abre los grifos de fondo... haz lo que tengas que hacer... sube de nuevo a otear... baja a darle a la bomba del wc... sube otra vez a mirar.... baja a cerrar los grifos de fondo... Maniobra de evacuación de sentina completada con gran éxito
El viento iba arreciando, 22-24 kn, finalmente se ha establecido en SW, y he seguido navegando, cada vez más tranquila (y más cansada de darle a los winches con una mano mientras con la otra me ocupaba de otros menesteres), y he empezado a disfrutar como una enana, el mar y el cielo de un azul intenso, las olas aborregadas con su espuma de un blanco que no he visto en ningún otro lugar, los farallones de la costa, mi isla prefererida (junto con Espalmador, pero esa me pillaba un poco lejos)... El barquito, una maravilla, seguro, rápido, obediente... algo ardiente, pero a eso estamos acostumbrados mutuamente... Mi invento, aunque primitivo, ha funcionado perfectamente, he dejado el “aparejo” montado por si en futuras ocasiones me hace falta (sólo necesita engrasar un poco los mosquetones, que andaban un poco lentos en su apertura rápida, ya que los he rescatado de una de las múltiples cajas del capi que llevo a bordo con todo tipo de material, y los pobres tienen sus añitos).
A media tarde, me he dado un pequeño banquete de chocolate (que nunca falta en mi barco) y otra cocacola, mientras disfrutaba de la sensación de libertad que, aunque siempre la he sentido en el mar, nunca como hasta ese momento, sola en mi barquito por primera vez, sin ayuda, sin compañía, nada más que él y yo gozando del mar y del viento...
El penúltimo bordo ha sido hacia el norte del cabo San Antonio, se estaba haciendo ya algo tarde, y tenía frío, así que me he puesto la chaqueta del traje de agua y he virado nuevamente para poner rumbo a mi bahía y mi puerto... y cómo no, viento y mar de proa (20-24 kn, y los borreguitos, que a lo largo de la tarde se han ido convirtiendo en olitas saltarinas de aproximadamente un metro). Ha sido el rato que más me ha costado trimar, como tenía que usar los mosquetones para sujetar la rueda en cuanto me descuidaba, orzada al canto, no conseguía sacarle más de cuatro nudos de velocidad....Tras unas cuantas orzadas y escoradas de esas que producen extrasistolia ventricular galopante , he conseguido ajustar las velas medianamente, sacándole unos 6-6'5 kn al barquito, que ha navegado feliz y contento hacia su hogar, donde le esperaba una refrescante duchita de agua dulce y el merecido reposo del guerrero.
Sobre las 20 h, ya muy cerca del puerto, he decido que ya estaba cansada, y que tocaba arriar....
Pero la arriada y la entrada a puerto, con sus correspondientes jaimitadas, dificultades y pifias, en la siguiente entrega, que no va a haber organismo viviente que se trague semejante tocho.
Gracias por escucharme/leerme
kendwa

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El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
-Rafael Alberti-
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