Me alegro un montón.
El mareo tiene un componente sicológico que, en algunos casos, es el ingrediente principal.
De todas formas, marearse de tanto en cuanto no es malo. Sirve para rebajar la línea, alimenta a los peces... y te hace sentir que el mar no es tu casa, te sientes vulnerable. Te das cuenta de lo raro que es que esté ahí. Y así cuando no nos mareamos tenemos otro motivo para estar contentos.
