A mí también me resulta familiar, si exceptuamos que el cachorrito era un mastín del pirineo mezclado con lobo, y cada vez que lo sacaban a la calle tanto mi hermana como mi madre, era como los comics,eso de ver volar a los dueños agarrados a la correa del "perrito".


Y mi madre, no podía ver un perro ni en foto, pero, como el perro veía que era ella la que le daba la comida,hizo lo posible para que mi madre le acabase cogiendo cariño, y lo consiguió de sobra.
Resultado,en los últimos veinte años, ese, dos spaniel bretón, y una ratonera,que era más fea que un dolor, pero era el ojito derecho de mi madre.
Así que suscribo al cofrade Sergifox, paciencia, que el perro te dará muchas más alegrías que cabreos...

