Ahí van algunas foticas más.
Gracias a Eimer y Conxa disfrutamos de una noche mágica con un cremat en la playa. Aunque haberlas haylas no vimos a ninguna meiga (Bueno, alguno sí debió verlas, y hasta tuvo que recurrir a ellas para encontrar su barco a la vuelta)
Observar la profesionalidad de Eimer, todo estaba previsto de antemano sin dejar ningún detalle al azar
