Evidentemente sin obsesiones.


La obsesión siempre está de más.
Yo me apunto a ambos placeres.
A la chispa de la regata. Preparar, competir, adrenalina, ganar o perder, disfrutar siempre.
A la dolce vita del crucero. Tiempo que se alarga, buena compañía, paz, buen humor.
Otro mundo
a tan sólo un salto del pantalán a cubierta.
