22/06/2009 –
Singladuras como esta no hacen afición
A eso de las 08:30 salimos con la intención de llegar a Denia. Nada más asomar nos encontramos con un mar de fondo bastante molesto. ¿De donde venía? Pues de proa, claro.

De viento ni hablar, así es que motor y motor y motor.
Unas dos horas depués se levanta el viento. ¿De donde venía? Pues de proa, claro.
Visto lo visto nos planteamos ir a Valencia, porque una navegación así es más o menos como un dolor de webos. Ese es el problema de tener que volver al puerto de origen. Que la navegación se convierte en un transporte.
Llegando a Valencia parece el que viento cae y el mar también. En vista de eso nos decidimos avanzar hasta Cullera, puerto que no nos gusta demasiado, pero Gandía está muy lejos y Denia más aún.
Una hora y media después arrecia el viento y el mar. Damos vela y perdemos rumbo, pero ganamos velocidad y tenemos menos meneos. No obstante el cabo Cullera nos corta el camino, así es que bordo va y bordo viene hasta que ya hartos de tanto meneo conseguimos entrar en el rio Jucar, donde se encuentra nuestro puerto de destino.
Subimos bastante por el rio y encontramos el puerto. El marinero nos abarloa a un “trastor” enorme (54 pies) donde nos quedamos. El puerto está lejos de todo. No hay ni siquiera bares. Total que cena en el barco y, bastante cansaditos, nos vamos a dormir. Esta vez sin película.
Mañana más.