Derroteros por el Mar Catalán. Castelldefels-Garraf. 2.
Horchata con fartons para todos.
Sigo con la historia del otro día.
A continuación, viene el puerto trampa de Vallcarca, dónde no hay a qué amarrarse con seguridad y dónde uno se expone que estando allí resguardado llegue algún mercante a cargar cemento. Me he “asomado” a él, pero no he entrado nunca y sólo lo haría en caso de extrema emergencia y con vientos favorables.
Las Costas de Garraf acaban con el puerto Port Aiguadolç, para mí, durante años, el mejor puerto del mundo, hasta el punto que sólo la visita a una horchatería o una cena con paella en el casco urbano, pueden hacerme salir del puerto. En el puerto viven unos patos muy simpáticos (aunque no sé si son siempre los mismos, pues la gente es de cuidado).
Pero no nos vamos de estas costas sin decir que, a pesar de su aspecto, no son profundas; los acantilados caen, en general, seis o siete metros bajos el agua, hasta encontrar el fondo.
A vela es incómodo acercarse a la costa, pues el viento produce turbulencias en los acantilados. No recuerdo peligros sumergidos que impidan acercarse a la costa, pero sí peligros emergidos; con buen tiempo, al atardecer, decenas de pescadores ocupan los acantilados y amenazan feroces si te ven cerca de sus líneas. Incluso me han amenazado con lanzarme sus anzuelos si no me alejaba… a veces uno piensa que esa gente mata peces porque no puede matar algo más sustancioso.
Las calas resultan incómodas, pues me parece recordar que son de guijarros. Además, estas playas pasaron de ser reducto de ecologistas nudistas, a bastión del más apasionado y exhibicionista sindicato rosa, con lo que si uno va con la familia y quiere bañarse, es mejor que se busque otro entorno o bien que sepa dónde se mete.
Los regatistas saben que las corrientes en esta costa son más que notables y las utilizan a su favor cuando las conocen.
La zona es muy rica en fauna y las aguas dignamente limpias. Con buen tiempo es delicioso un baño frente a las Costas, con el barco al pairo. Cuidado con las medusas.
Como anécdota para hacer soñar al navegante comentaré que hace años, cuando las cosas eran de otra forma, un buceador colega encontró un buen puñado de monedas de oro españolas, procedentes de un naufragio. Tuve en las manos parte de ese tesoro. Y es que ese acantilado, incluso en tiempos históricos, fue más profundo. Pero las obras de ampliación del puerto de Barcelona, especialmente las realizadas a partir del siglo XIX, acumularon arena en el acantilado, tapando cuevas y pecios. Pero los indiscretos temporales de levante, dejan en evidencia, a veces y por algún tiempo, cosas que, si se está en el lugar y en el tiempo, pueden ser de mucho provecho.
Y por fin, para rematar este fragmento de costa, recordar que en ella se encuentra un sifón vauclusiano, magnífica pieza de la espeleología española; La Falconera, una cueva sumergida de la que hasta la fecha no se ha podido llegar a su final.
Un saludo cordial.
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