Y a veces los prepotentes atacan desde tierra: Teníamos un 420 y salíamos con los niños por las mañanas a bucear. Un día llevábamos a un sobrino muy pequeño y como sus padres tenían mucho miedo, les dijimos que sólo le daríamos una vuelta por el puerto, que no podía pasar nada y se lo devolveríamos a la playa. Cuando salíamos ya del puerto, de repente oímos un trallazo sin saber de dónde venía y acto seguido se nos paró el barco, como si una mano invisible nos sujetara la popa: Mirando incrédulos alrededor, no veíamos qué pasaba, hasta que a mi almirante se le ocurre mirar hacia arriba y.....Horror: Un plomo romo de unos 15 cm. nos había atravesado la vela, por fortuna, a 1/3 del puño de pena: Sacamos la navaja y cortamos el sedal. El estruendo de improperios que recibimos por parte de todos los pescadores de la bocana, solidarizándose con el pobre compinche al que le habíamos cortado el sedal y robado su plomo, fue ensordecedor. Al parecer nadie pensó en lo que podría haber hecho el "plomito" de habernos dado a alguno en la cabeza, aún lo conservo de recuerdo y a los padres del nene, no les contamos el "incidente": ¡Toma paseíto tranquilo!

