Estimado Cofrade Tahleb (dos puntos)
No he podido por menos de intervenir en este tan triste lance confesional, para plañir contigo a dúo y capella, las lágrimas de esta tortura que te aflige.
Espero no causar más dolor del imprescindible, ya que, si no recuerdo mal, sólo tu decidiste hacer público en este foro el tema que te acongoja. De lo cual se infiere necesariamente, que el tema es opinable. Y si lo es, las opiniones pueden diferir legítimamente de la línea oficial de pensamiento.
La verdad, estoy tan afligido, acongojado y empático del tema que has tenido a bien publicar, que no puedo por menos de manifestar mi admiración ante tanta entereza. ¡ Qué temple, Santo ssielo !.
No sé cómo puedes.
Esas chicas de nalgas prietas y muslos tersos, arrullándose en tu regazo con maliciosa intencion...¡ qué horror !. Esos pechos turgentes y casi ofensivos, que desafían la Ley de la Gravedad con descarada arrogancia... cayéndose "hacia arriba" en una pirueta que desafía el mero sentido común...¡ qué espantosa visión ! ¡ qué poca lógica física ! ¡ qué escaso conocimiento científico de los postulados del magistral Newton !.
Te comprendo, Cofrade, te comprendo y te compadezco. Por nada del mundo me gustaría estar en tu lugar... no señor. Por nada... ¡ quiá !... vamos, aunque me pagasen por ello.
Y luego, la gota que colma el vaso. Sufrir esas miradas felinas de las compañeras de otros con las que fulminan a esos cuerpos que...¡ Oh, por Dios... no quieren comprometerse !. Que se muestran tostados por el sol y desprovistos de cualquier afán posesivo. Esas miradas que te atraviesan cada vez que, en la televisión, se muestra un documental de los carnavaes de Río de Janeiro, como si hubieses estado allí agarrado a las cachas de una mulata bailona. Esas miradas que lo dicen todo sin decir nada. La verdad, no sé cómo se puede vivir sin esas miradas señoriales fijas en el cogote todos los días. No sabría cómo hacerlo. Te entiendo.
Y luego el complemento. Tu hijo triunfante de éxito. Desde luego, no las tienes todas contigo, amigo.
Sólo una cuestión me ha quedado como atascada a mitad de la altura de la hipófisis:
- Si echas de menos tanto "el calorcito" de las miradas felinas...¿por qué le dijiste que no a tu "ex"?. Desde luego, entre el dolor de la añoranza enternizado en esas experiencias pecaminosas y nada deseables y el riesgo no confirmado de una segunda decepción... pues como que lo tendría claro.
¿n'est ce pas?
(Cofrade, es sin acritud, te doy mi palabra)

Rog