Y ese sagrado ratito de intimidad, cuando uno está cómodamente fondeado y escribe las incidencias del día, al amor de una copita de vino, bajo las estrellas y mecido por la mar... Eso es un momento impagable, hombre!

Y sí que es verdad Bulnes: luego, con el tiempo, te lo relees y en cierto modo, es como si volvieras a navegar. Esta sensación es muy agradable.