Trola de verano
Una trola de verano?
Todo su mundo giraba en torno a ella y, tras su muerte, cayó en una depresión que se esforzó en ocultar a sus allegados. Los días eran tan sólo una sucesión de horas grises. Nada conseguía hacerle vibrar, ni el viejo velero en el que habían pasado fines de semana, regatas y cruceros en casi todas sus vacaciones. Había sido su tiempo compartido más especial.
Allí, en el mar, muchas veces en silencio, oyendo sólo el ruido del viento y las olas, no tenían más que mirarse y sonreír para saber qué estaban pensando el uno del otro. El solía admirarla de reojo, cuando ella fijaba su vista en el horizonte. Siempre la encontró hermosa, y sobre el barco, su cabello ondeando al viento, la silueta de su cuerpo bajo aquel transparente blusón, parecía que tenía una diosa a bordo. No quiso mirar a otra mujer, nunca las encontró a la altura de ella, y llenó sus horas con mucho trabajo para poder olvidar y los fines de semana se le hacían largos y difíciles de soportar.
Los compañeros del club le sugirieron que volviera a apuntarse a las regatas sociales. No tenía tripulación, puesto que el barco ya lo tenían preparado para llevarlo a dos, y siempre lo hizo con su pareja. Buscaría a alguien, pero los jóvenes que salían de los cursos de vela venían con demasiadas ganas de competir y ganar, algo que era difícil para ese barco, que ya tenía unos años y no había renovado sus velas en mucho tiempo.
Un día vio una nota en el tablón de anuncios en el que se ofrecía tripulante que sólo tenía experiencia en windsurf. Él pensó que eso sería mejor, así podría enseñarle a su manera, puesto que era totalmente diferente a la navegación en crucero. Llamó al teléfono y le sorprendió la voz femenina que le contestó, no se atrevió a decirle que no. Quizás lo probarían y se cansaría o seguramente se marearía o….
Quedaron el sábado siguiente. Ella llegó con una moto que a el le pareció demasiado grande para su cuerpo, pero le pareció graciosa al bajar, sacarse el casco y dirigirse a él. Y tenía muchas ganas de navegar.
Empezó a esperar la llegada del fin de semana pues aquella joven, tan diferente de las demás, le producía una especie de afecto paternal. Se trataban con respeto y se sucedían los “perdón” cuando alguna ola, o movimiento inesperado del barco, ponía en contacto la piel de uno con la del otro.
Un día caluroso ella le pidió:
- Podemos parar un momento? Hace mucho calor y me gustaría refrescarme un poco.
- Claro- respondió él.
Ella bajó a la cabina para ponerse el bikini y él desde la popa, sujetando la caña del timón y mirando de reojo, pudo ver su espalda mientras se ataba la parte de arriba del bikini. Comparó.
Ella salió y se tiró rápidamente al agua, avergonzada de enseñar su cuerpo y él sujetó un cabo que lanzó por la borda para que se pudiera asir si lo necesitaba.
- No vienes?- preguntó
- No me gusta dejarlo sólo, nos tendríamos que bañar por turnos.
- Va, si casi podríamos llegar a nado a la costa. El mar está en calma. Mira, me ataré al cabo éste….
- De acuerdo, sólo un momento.
Al subir, ella se lastimó con la escalera de inox el dedo del pié. Él sacó el botiquín, se sentó en la bañera para tener su pié más cerca, ella en el banco, y lavó la herida mientras se reía por las quejas de ella. Parecía una niña: mirándose la sangre, moviendo el pie, diciendo: pica, cuidado… Cuando termino de curarla, cogió su pié y lo puso en el suelo. La rodilla le quedó a la altura de su cara y sin poder evitarlo avanzó sus dos manos por la pierna hasta tocar su rodilla.
- Está lastimada también- dijo.
- Es del roce con el antideslizante- contestó ella.
Resiguió con el índice las pequeñas heridas, acercó sus labios y las besó. La sal de su piel llegó de su boca hasta su cerebro donde le hizo sentir una oleada de placer.
-Yo,…-titubeó ella- soy una aprendiz...
-Aprendiza- corrigió él, que seguía con sus manos cogiéndole la rodilla.- no te preocupes, yo te enseñaré.
Ella bajó la cabeza y se besaron.
Ceñida, virada, ceñida, virada, ceñida, través, laaaargo, lenta empopada hasta llegar a la boya, trasluchó y, sin querer, la tocó : autopenalización de dos vueltas. O alguna más. Ella tenía la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Sienció sus suspiros.
Se abrazaron muy fuerte y bajaron al camarote para continuar . . .
(igual tengo que cambiar de nick después de esto...)
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