Je, je. Lo autenticamente obvio de ese bonito tractor, lo que de verdad resalta en cuanto le echas la vista encima es que no tiene ni palos, ni perchas, ni velas.
La fe verdadera tiene en ti, querido Miahpaih, su más convencido apóstol, pero tus fervientes homilías, si bien no están exentas de cierta belleza dialéctica, suelen tropezar, cual cantos de sirenas homéricos, con los bien sellados oídos (a base de buen dracon) de la cofradía del viento.
