Preciosa reflexión, a la que me permito añadir otra... siempre me ha sorprendido como estos pueblos en los que la miseria convive a escasos metros de la opulencia más impresionante siempre encuentran el momento para ofrecerte una sonrisa, deslumbrante a veces, desdentada otras... pero siempre sincera. ¿Será cierto al fin y al cabo que no nos hace falta tanto para vivir felizmente?



brindo por vosotros cofrades, y por todas esas sonrisas sin nombre que iluminan la oscuridad de la miseria.