Esas cosas sólo ocurren en el Tíbet porque aquí en España, si viene el otro con el cuento de que se ha convertido el oro en arena, de la somanta palos que se lleva, aparecen los sacos de oro en menos de un minuto.
La otra variante, más realista, es que el amigo desaparezca con los sacos de oro para asentarse en algún país asiático.
