Re: A los profesionales de la psicologia de esta taberna
Vivo mi vida laboral más deprisa de lo que lo hace el hilo del tiempo. Llego incluso a pensar, en un arrebato de arrogancia infame, que si dejo de producir, el resto del mundo se detiene. Pero es el propio destino quien acaba poniéndome en mi sitio y demostrándome que soy en gran medida prescindible. El tiempo, la vida, tienen su propia forma de reajustarse a sí mismos. Y si yo con mi presencia he sido capaz de distorsionarlos, ellos serán quienes me aparten de su engranaje hasta recuperar su sincronismo natural.
En ocasiones, a la fuerza he tenido que detener mi ritmo frenético de vida, mis horarios marcados, una sucesión de trenes a los que llego siempre cuando éstos han partido. Es en estos momentos cuando me detengo y huyo del tiempo. Detengo mi vida y reniego de relojes y rutinas diarias, de la comunicación con el mundo exterior. Considero la noche igual de legítima que el día para divagar, y es entonces cuando no sé en qué día estoy, ni la hora que debe ser. Esbozo una sonrisa discreta y sincera: lo he conseguido. He detenido mi tiempo. Soy feliz.
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