Re: mar enorme de popa. 2 opciones?
Cita:
Originalmente publicado por dibujito
Perdonar..pero me gustaria veros en esa situacion..con esas olas rompientes en medio de la nada negociandolas 24 horas sin poder dejar el timon ni un segundo, no hay cosa peor que la mar desarbolada, me da lo mismo que midan lo que midan pero desarbolada..NO GRACIAS
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Pues este día había ola, pero bien formada, y aparentemente no generaría mayores problemas... pero
LA GRAN OLA
Eran las diez de la mañana, y después de la noche de guardia, la tripulación descansaba en la sala-comedor del velero. En mi duerme-vela asomé la cabeza por la escalerilla de entrada; mi sexto sentido me decía que había algo que no iba bien. Y allá estaba el problema: descubrí una enorme ola que se acercaba por popa, como a cien metros.
--Cuidado, que viene una ola grande- dije.
Y de un salto salí a cubierta.
Con un as de guía me até el final de la escota del génova a la cintura.
Solté el piloto de viento para gobernar a mano.
La ola llegó por popa.
La popa se levantó en el aire, arriba, muy arriba.
Me pareció que la popa fuera a pasar por encima de la proa. Pero se mantuvo así, ¿cuánto tiempo? Nadie sabría decirlo; para mí que a duras penas lograba sujetarme colgado de la barra del timón, fueron siglos.
El velero agarró velocidad. ¿Veinte nudos? ¿veinticinco? imposible calcularlo.
Sudando como una catarata la frente espumeante de la ola golpeó el velero. La gran rompiente chocó con el JoTaKe, y la ola, entrando por popa y saliendo por proa, barrió cuanto encontró a su paso.
Millones de burbujas reventaron a mí alrededor.
--Aire, necesito aire-- pensé, atado por la cintura, sumergido en la ola.
Invirtiendo el movimiento, la nave recuperó su posición horizontal. La proa fue quedando arriba, mientras la popa se deslizaba ola abajo con un movimiento más tranquilo.
Escupí un chorro de agua salada, antes de levantarme como noqueado.
Estábamos vivos y a flote.Y, lo más importante era que no habíamos pasado por ojo.
Un rápido vistazo por la escotilla me confirmó que adentro todos estaban bien, aunque con el agua hasta las rodillas.
Fuera no todo estaba tan bien. La escota de la mayor ha reventado, pero la mayor se mantenía en su sitio. El generador eólico había desaparecido; la bandera del velero también; la antena multibanda de la radio de HF, navegaba al fondo de los mares y algo peor, la pala del timón estaba partida en dos. Estábamos sin gobierno.
Dentro el panorama era caótico. Medio metro de agua sobre el piso indicaban que la presión de la ola había sido enorme para introducir tanta agua por la escotilla.
--Entraba tanta agua que creía que estábamos hundiéndonos-- dijo Mayi.
Muchas cosas flotaban dentro del velero salidas de sus sitios respectivos por las inusitadas inclinaciones que alcanzó el barco.
Más tarde marqué la posición del velero cuando llegó la ola: Latitud 24º10 N longitud 21º W, que registré en el cuaderno de bitácora. (ver Anexo1 al final del libro).
Para arreglar el desaguisado el primer trabajo consistía en achicar el agua embarcada. Dos bombas eléctricas y los calderos impulsados por cuatro brazos terminaron con el cometido bien entrada la tarde. Los niños ayudaron “pescando” las cosas que flotaban y colocándolas en lugares secos.
El velero, sin gobierno, había quedado atravesado a la marejada lo que dificultaba nuestros movimientos. Más de una vez, sorprendidos en desequilibrio por una ola mayor, caímos al suelo, mejor dicho, al agua, bañándonos con el agua del caldero.
Al anochecer, agotados pero ya sin agua en el interior, construimos el primer timón de fortuna.
Varios neumáticos encadenados entre sí y unidos a dos largos cabos atados a los lados del velero fueron el primer de gobierno de fortuna.
Pero el timón no funcionaba demasiado bien. El barco no gobernaba y además quedaba muy frenado pero daba popa a las olas lo que ocasiona una relativa comodidad en los bandazos.
- Pasaremos así la noche; intenta descansar, porque mañana también será un día bastante duro.-le dije a Mayi.
A pesar del agotamiento nadie pegó ojo en toda la noche.
El primer trabajo del amanecer consistió en desmontar el piloto de viento que tan fielmente los había llevado hasta allí. Agarrado por las piernas que todos sujetaron con fuerza, me descolgué por popa, con las llaves en mano para sacar todos los tornillos que sujetaban el timón de viento a la popa del barco. Había que dejar espacio para la colocación del timón de fortuna.
El segundo timón de fortuna consistió en un tablón sujeto con sargentas y clavos a la parte superior del timón original que quedó colgando por popa, fuera del agua.
Se gobernaba con relativa facilidad y trabajamos en el cometido hasta la bien entrada la noche. Pero los esfuerzos a los que se vio sometido y los golpes mar, aflojaron de noche varias sargentas que terminaron miles de metros más abajo (por no haberlas atado), tragadas por la oscuridad y el mar.
Mientras construíamos un nuevo timón colocamos un ancla flotante.
En nuevos intentos, transcurrieron dos días más, hasta que la mar gruesa fue disminuyendo su rudeza y se convirtió en marejadilla. Con un tangón de aluminio, un remo enorme y la mesa del comedor, todo ello cosido con grandes clavos y atado con apretados torniquetes de cabo, construimos el definitivo timón que nos condujo hasta el puerto de Dakar en Senagal. Mayi colocó la bandera "D" del código en lo alto del mástil, que significa --Estoy sin gobierno, manténgase alejado de mí".
Con el nuevo timón y un neumático que arrastrábamos lejos por popa, quedó establecido el rumbo y, a tres nudos buscamos un puerto donde reparar las averías.
Nouadhibou era el puerto más cercano.
( 1 )Algunas semanas atrás, cuando escribía la reedición del libro, leí en una prestigiosa revista de Física Quántica y Molecular este artículo que juzgo muy interesante y que podría explicar lo hasta ahora inexplicable. Lo firmaba Eric J. Heller (1946) es profesor de Física y Química de la Universidad de Harvard y dirige el Instituto sobre las Teorías Atómicas y la Física Molecular.
Las olas gigantes asesinas se comen a las chicas
Hace poco, las imágenes de satélite dieron la razón a las habladurías de los viejos lobos de mar: en los océanos se forman olas de hasta 30 metros de altura que podrían explicar por qué desaparecen barcos sin dejar huella. Pero aún no sabemos a ciencia cierta cómo se origina el fenómeno, que a veces surge cuando las aguas están en calma. Algunos han propuesto una teoría basada en las cáusticas, es decir, en las temblorosas concentraciones de luz que, por ejemplo, podemos ver en la superficie de las piscinas. En el mar, los fuertes remolinos harían la función de lentes que refractarían las olas normales, desviando su trayectoria y creando puntos calientes de energía; aquí surgirían las efímeras montañas marinas. El físico norteamericano Eric Heller ha creado informáticamente esta hipótesis.
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