Re: El Novato Más Novato De Todos Volvio De Ibiza
Hola a todos de nuevo,
La verdad que tanto yo como mi mujer, intentaremos agilizar el resto del relato pero la verdad que por el trabajo solo podemos escribir cuando llegamos a la noche y las dos diablillas se meten a la cama.
Lecciones aprendidas hasta el momento:
- Al que madruga dios le ayuda, si no madrugas al final se te pasa el día sin hacer nada de provecho.
- Quizás la idea inicial de dormir todas las noches en diferentes calas fondeados, esta fuera de alcance para nuestro nivel, me cuestiono si es posible dormir bien fondeados, supongo que siempre habrá que estar alerta.
- En la nevera y los armarios sobra un montón de comida: sólo nos apetece comer ensaladas, y sin embargo, la bebida escasea, por lo que la reponemos todos los días.
Día 3: 14 de Julio.
Una mañana más, un tiempo magnifico, y por fin tenemos un plan serio para este día: vamos a las famosas playas de Espalmador. Todo va como la seda, parece que empezamos a estar organizados, baño, desayuno, fregar, recoger, soltar amarras de la boya, estudiar la carta, no se pa que con lo bien que chuta el Gps, pero bueno hay que intentar impresionar a las féminas.
Salimos rumbo al paso entre la costa y Es Vedranell, dejando atrás Cala Badella, que se ha convertido en nuestra casa y refugio de manera totalmente imprevista. Somos conscientes de que no vamos a realizar una gran travesía, pero me siento como Colón rumbo a las Américas, fíjate tú: en ese momento no querría haber estado en otro sitio ni necesitaba un barco mejor para experimentar lo que sentí (identificáis esta sensación?).
Sacamos las velas apagamos el motor, y, esto es navegar!!
Esta vez si que pasamos por el paso antes mencionado, es decir, sin rodear Es Vedrá, será que se ha encogido el barco, o que nuestra percepción ha cambiado. Cada vez nos vamos sintiendo un poco más seguros y con más dominio de la situación.
Ponemos rumbo a Espalmador y vamos haciendo alguna que otra virada y la tripulación se va familiarizando con las maniobras: mientras tres adultos nos dedicamos a estas, otro adulto esta con las niñas. Siempre lo hacemos así. Al principio nos faltan manos, pero cada vez vamos adquiriendo más soltura y ya casi no hay que decir a cada uno lo que tiene que hacer, todo parece de sentido común, (aunque este suele ser el menos común de los sentidos). La bañera está llena de cabos, de los cuales alguno no sabemos ni de donde viene ni para que sirven, tenemos que organizar el tema y acostumbrarnos a dejarlos bien adujados.
En algún momento el barco llega a escorar bastante hasta el punto de entrar algo de agua por las escotillas de estribor, qué sensación!, miramos a las niñas por si están asustadas, pero ni se inmutan, quién lo iba a decir, nosotros preocupados antes del viaje de sus reacciones y son con diferencia las que mejor se han adaptado a todas las situaciones.
Tuvimos una trasluchada en un despiste pero no acarreó peligro alguno, y menos con este tipo de barco, así que tras unas tres horas y media de navegación, y pasar por delante de los famosos freus, en los cuales pensábamos encontrar mucho tráfico (y no fue para tanto, ni tan complicado), llegamos a Espalmador, vaya playas, para que ir al caribe?.
Vimos una boya libre y aunque sabiamos que había que reservarlas con antelación (lo cual no fuimos capaces de planificar por el ajetreo de los días anteriores), nos fuimos aproximando a ella. En esto se nos acerca una lancha del Gobierno balear, y al explicarle que nuestra intención es pasar unas horas nada más, nos indica donde fondear sin estropear las algas de posidonia.
Esta es nuestra oportunidad de poder practicar con tranquilidad un buen fondeo, ¡allá que vamos!. Después de bajar el ancla decidimos que Iñigo bucease para ver si ésta garreaba, y así fue: aunque la sensación de los que estábamos a bordo era de que el barco no se movía, Iñigo veía que el ancla se desplazaba unos dos metros, usando como referencia una mancha de algas cercana. Así que repetimos la maniobra dos veces más hasta que vimos claro que nuestro fallo era el no soltar suficiente cadena. En la última tentativa soltamos toda la cadena, y ésta fue la definitiva. Yo también me eché al agua para ver cómo trabajaba la cadena y os puedo asegurar que aún sin experiencia se ve claramente cuándo el fondeo es seguro. RELAX por fín.
Nos bañamos en esas magníficas aguas y mientras preparábamos la comida, vimos llevar remolcado un yate a motor que había sufrido un accidente y hacía agua por su popa. ¡Qué pena daba! Lo dejaron varado en la playa con la ayuda de varias embarcaciones. Comimos, siempre a base de buenas ensaladas, ya que es lo que mejor entra, y en vez de amuermarnos, los tíos decidimos bajar a dar una vuelta mientras las txikis echaban la siesta.
Ahí entra en escena nuestra maravillosa zodiac: ya la tenemos dominada. Nos dirigimos a la playa, que promete un montón. Damos un paseo, cotilleamos la embarcación varada y nos impresiona el final de la playa, donde hay un freu, por se puede pasar andando hasta Formentera. Tenemos que traer a las chicas a ver ésto. Vuelta a la zodiac, que nos esperaba varada en la playa, cerca de donde había parado un catamarán grande lleno de turistas de marcha. Y nosotros, sintiéndonos super guays por ir en nuestra propia embarcación, sacamos la zodiac, la arrancamos, me monto, meto tripa, pongo cara de interesante delante de los del catamarán y va el zopenco de Iñigo y sin pensarlo se monta en mismo lado, ahí va la hostia!... ¡Vuelta de campana completa! Todo chito, las gorras a la deriva, los remos a tomar por culo, los turistas partiéndose de risa … ahora, nos costó menos de medio segundo volver a poner todo en su sitio e intentar salir airosos de este bochorno. Arranca el motor, joder, creo que se ha mojado la bujía o ha entrado agua en el depósito. Ala, a remar se ha dicho. Y así llegamos al barco después de 20 minutos remando, y es que uno no tiene costumbre … Subimos el motor, secamos la bujía y aquí no ha pasado nada.
Es hora de retornar a nuestra cala, y así lo hacemos. A mitad de travesía, el viento arrecia, recogemos la génova y esta maniobra un poco precipitada, deja a Iñigo fuera de combate con un mareo del 10. ¡A vegetar a la bañera! Y ahí está Ainhoa que nos sorprende con su buen hacer y sus ganas de aprender. Soltamos otra vez los aparejos, para nada, claro … Y descubrimos otra sensación maravillosa: ir sentados en el balcón de proa teniendo ante nuestra vista el imponente Es Vedra. Hasta las niñas van un ratito en este balcón, sentadas encima de uno de nosotros y convenientemente sujetas.
Y ya llegamos a “casa” a muy buena hora, y echando de menos una buena ducha, ya que el agua del depósito la reservamos para aclarar los cachorros. Al no poder hacer aguadas al no estar el puerto, no nos duchamos en el barco. Así que bajamos a la playa, y al ver que las duchas públicas estaban en desuso y abandonadas, no nos queda otra que ducharnos en las de la playa, delante de todos los guiris que ya estaban a limpia cerveza en los chiringuitos. Bueno, el que tiene vergüenza, ni come ni almuerza. Qué alivio el sentir la piel libre de sal aunque sea por un ratito. Además Iñigo se va recuperando.
Otro homenaje para celebrar el día, a cenar en el mismo sitio de la noche anterior. Y a dormir todos: El menda lerenda, o sea yo, acaba durmiendo en el salón, ya que a parte de que realmente no quepo en la cama, encima antes de ir a la playa he baldeado la cubierta sin acordarme de cerrar las escotillas de mi camarote, y he mojado media cama. Arantza casi me come.
Hasta aquí lo que dio de sí el tercer día. Mañana continuaremos con los restantes días, que fueron algo más tranquilos aunque intentaremos rescatar de nuestra memoria alguna otra anécdota, ya que gracias a estos relatos, revivimos otra vez estas vacaciones tan especiales para nosotros por ser las primeras que realizamos en este plan, y si a la vez conseguimos arrancaros una sonrisa, pues mejor que mejor.
Un saludo y un fuerte abrazo a todos.
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