... Septiembre es para mi una mezcla de pena por el final y emoción por el comienzo, siempre me gustó el cole (y eso que yo tampoco tenía niñas), pero me gusta mirar al futuro descubrir, y aprender, y tal vez por eso, desde niño, afrontar lo desconocido, pese a que tuviera algo de rutinario, era un enorme aliciente a lo bien (o mal) que habías pasado el verano. Casi siempre algunos compañeros nuevos, profes nuevos, libros nuevos, tal vez ese año ya podía ir solo en el bus, si ya lo hacía desde años, conocería a las nuevas chicas con las que ligábamos en el 27 del Beatriz Galindo.
La novedad y lo desconocido para mi siempre ha sido siempre un aliciente para vivir, y no pensar en ese amor de verano, que visto de 'servicio' ya no tiene tanta gracia, o en las bicis aparcadas hasta los fines de semana otoñales en los que pudiérmaos sacarlas.
Septiembre siempre ha sido, incluso ahora con hijos, el comienzo del año, mi primero de enero, de hecho yo trasladaría al 30 de agosto el fin de año... precisamente me casé ese día
Cervezas con espumita para los nostálgicos
