Esto de lo moderno y lo viejo es marear la perdiz. Hace treinta o cuarenta años se diseñaban barcos estupendos y también desastrosos; hoy sucede lo mismo. Con el tiempo, los buenos de todas las épocas permanecen y los malos se olvidan.
También hay que tener en cuenta que la forma de las popas, los bustles, el velamen o los lanzamientos de barcos de los setenta, que en el fondo encogían la eslora en flotación, obedecían en la mayor parte de los casos al reglamento bajo el que se corrían las regatas. No es lo mismo el IOR de antes que las mediciones actuales, así que los barcos cambian... con los reglamentos. Al menos los de regata.
Lo que sucedía entonces es que la diferencia entre regata y crucero no era tan obvia como ahora. La mayor parte de los cruceros eran evoluciones de barcos que habían hecho un buen papel en regata y que, lógicamente, no se construían pensando básicamente en sus interiores, como sucede con algunos modelos nuevos. En eso si que hemos ganado: en volumen interior, en ergonomía, etc.
Está bien discutir este asunto, pero eso es algo que casi hacemos permanentemente cuando opinamos sobre un barco cualquiera o una forma de navegar.
Lo dicho, marear la perdiz.

para todos.