Re: Rincón literario
. . . me llevó allí donde he ido otras veces a pescar a la vez que aprovecho para pasar
unas horas meditando y recordando a un amigo que se fue. Aparqué en la explanada,
cogí la telescópica que siempre llevo en el maletero y tal como iba en bañador
eche a andar por la senda que bordea el acantilado, desde donde se ve a la derecha
la playa cuya orilla, seguida con la vista, te conduce hacía el pueblo y cuando la vuelves
hacia la izquierda te lleva hacía la punta y más allá al cabo. Desplegué la caña y la puse
a mi lado, su presencia me servía de excusa. A esta playa venía de adolescente casi
todos los veranos hasta que pasó lo que pasó y justo en el lugar que ahora mismo
tengo delante, unos días después de mi boda, a él me regresan muchas veces
los recuerdos. Desde pequeño mi mente siempre ha tenido cierta habilidad para trasladar
mi pensamiento a un lugar remoto evitándome sufrimientos ante los cuales no puedo
hacer nada para evitarlos y también es hábil para aislar, como en una cámara acorazada,
los recuerdos desagradables. Esta última habilidad la adquirió bastante después. Me senté,
cruce los brazos y me acurruqué junto a un peñasco, dejé vagar la mirada y con ella
mis pensamientos. Recorría con la mirada las boyas señalizadoras de la almadraba
y mentalmente delimitaba la zona donde pudo ocurrir el trágico accidente, imaginaba
cómo habrían sido sus últimos momentos de conciencia pero los párpados se me cerraban
y el sueño me atrapó. Desperté encogido de frío y sobresaltado por un sueño
en el que me veía nadando y buceando por toda la ensenada como hacíamos cada verano
en busca de pulpos. El sol había caído, recogí la caña y me dirigí de nuevo al coche. Entré,
encendí el motor y conecté la calefacción, pronto recuperé calor y mi mundo poco a poco
se fue remansando y ocupando su lugar en mi cabeza, sucesivamente pensé
en mi familia, en mi casa y en mi trabajo, sí, en ese mismo orden y lentamente
fueron ocupando el lugar del que habían sido expulsados. Recordé que en la bolsa
llevaba el móvil y me bajé a cogerlo, lo tenía en silencio, lo ponía así para que no sonara
mientras estaba nadando, por eso no oí las múltiples llamadas que tenía, llamé a casa
y dije que ya iba para allá que me había quedado a comer con un representante
y que nos estábamos despidiendo, en una media hora llegaría. De regreso
iba pensando en olvidarme de la dichosa piscina, además ya estaba recuperado del problema
que me llevó a ella, así es que debía abandonar lo que se había convertido en un agradable
hobby, cualquiera volvía a ese lugar, yo por supuesto no.
Al día siguiente llamé a un amigo al que llevo bastante tiempo sin ver y con el que compartí una época
bastante buena, época en la que consolidamos una gran amistad, a prueba de todo,
y a pesar de que ninguno nacimos junto al mar fuimos a conocernos en una ciudad
que si lo tenía, donde con mucho esfuerzo terminó la carrera y materializó su sueño,
montar un gabinete de psicología, aunque realmente su verdadero sueño,
del que siempre seré testigo mudo y él lo será del mío, es regresar a su pueblo,
echar un ganado y ser pastor. Después de recordar los buenos tiempos le conté
lo que me sucedió pero no me dio respuestas sólo me dejó dos preguntas:
¿no tienes el mar cerca? ¿Cómo reaccionarías si alguien consciente o inconscientemente
libera un fantasma al que tú encierras? Evidentemente el mar está y sigue estando
aquí mismo, por eso en vez de piscina desde hace un año estoy yendo a nadar al mar
y siempre a primera hora de la mañana también. Voy, varios días por semana,
a una pequeña cala próxima, donde mi padre nos enseñó a nadar cuando nos vinimos a vivir aquí.
Cada vez que veo la gran roca me acuerdo que de pequeño me parecía una isla lejana
y ahora la veo tan cerca de la orilla que casi de un salto podría llegar a ella.
Allí nado sin importarme el tiempo, la distancia ni los compañeros de calle, entro en el agua
y me olvido de todo, me voy para no volver pero algo me devuelve a la orilla
en el momento exacto. Me olvidé del cloro y ahora me impregno de salitre y yodo
y respiro profundamente cada vez que emerjo para tomar aire, es indescriptible la sensación,
serán varias pero se resumen en una sola: plenitud. Mezclo mi fuerza con su fuerza
y lo abarco con mis brazos, lo agarro y me fundo con él, me siento tan vivo como él
y así fundidos el uno en el otro me hago mar con él. A parte de la adecuada forma física
que he conseguido reconozco que en este último año no sé lo que es un resfriado ni una otitis.
Respecto a la segunda pregunta cuando dijo fantasmas, al instante me acordé de los míos.
Los fantasmas son esos recuerdos en forma de mancha que nos hemos echado o nos ha echado
la vida alguna vez, mancha que si tu no te obligas a dejar de ver y de limpiar continuamente
siempre se te hará más presente y dolorosa y que normalmente nadie podrá evitártelo,
sencillamente porque la ignora, no la ve o porque bastante tiene con las suyas.
Y yo sigo ignorando, hasta el día de hoy, si aquella señora tiene o no tiene alguna mancha
pero tengo muy claro que aquel mutuo golpe ni fue intencionado ni pretendió liberar
ningún fantasma. Todo lo que sucedió a continuación fue una muestra del proceder de la masa
en circunstancias en las que siempre los sentidos anulan la razón y poniéndose al lado del más débil
zanja el asunto. Sé que los gritos de la señora, en una masa especialmente sensibilizada
por las últimas y trágicas noticias, fueron el detonante para que dicha reacción se produjese
pero . . . en este caso la única víctima fui yo, caso del que ya estoy repuesto y espero que la señora,
a la que siempre tendré consideración, también.
vuelvo a mirar el posavasos y lo único que se me ocurre es dejar escrito junto a la palabra Reina
una imposible disculpa: lo siento.
Crónicas de la mediana edad. -Guilem de Ventresca-
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no quiero citar, es que no me gustan las citas, siempre llego tarde a todas.
Gracias Fareraa por tu intimista descripción del otoño.
Crimilda, es de un autor novel, no es muy conocido.
Flavio me alegro de verte por el foro, se nos está yendo el verano y ya podemos compartir un poquito de frío contigo, un abrazo.
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Quiero vivir la vida aventurera
de los errantes pájaros marinos;
no tener, para ir a otra ribera,
la prosaica visión de los caminos.
Poder volar cuando la tarde muera ...
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