Yo he sido testigo de cómo Atnem subía a alguien al palo, provisto de caja de herramientas, y sin soltar la mirinda de la mano. ¡Palabrita!
También he visto cómo saltan las manivelas y cómo, si te descuidas, saltan hasta por la borda. Preguntadle a Atnem (que eso no lo cuenta) cuántas ha dejado tiradas en el fondo del mar.
