Profundo y delicado el tema. Habla de la naturaleza humana, las pulsiones y sentimientos de la mayoría de personas. Siempre hay alguno que es capaz de llevar al traste la buena intención (o mejor aún si es obra) de las personas. Ese alguno ostenta el poder de proporcionar comodidad al resto del grupo y el colectivo que hace "lo que debe" o le dicta su conciencia queda aplastado. Me refiero, por ejemplo a la cooperación internacional (de la cual se algo).
Veamos:
-Un tipo decide que hay que hacer algo para intentar mejorar el mundo. Tiene estudios suficientes, preparación y capacidad de echar un cable allá donde realmente se necesita.
-Se propone ir a tal o cual lugar. Prepara todo y se marcha. eso le supone un esfuerzo económico que el que no lo ha hecho, no puede imaginárselo.
-El país al que pertence (colectivo) entiende que destinar recursos para eso, no merece la pena (más que para vender "buena intención") y ese individuo no recibe ayuda alguna (tampoco la ha pedido) pueso no está "previsto" uqe el grupo apoye (de verdad) semejante iniciativa.
-Cómo el pasaporte de ese tipo es de tal pais, en las estadísticas aparece que tantos tipos de ese país son muy buena gente y muy solidarios. O sea, que el grupo se apunta el tanto que aporta "ese prestigio" de país lleno de buenos.
El tipo vuelve y sigue con su vida hasta nueva ocasión, por este sí es un tipo bueno.
el grupo habla y le comenta que bueno y cuanta bondad... pero nadie hace "efectivamente" nada. Al grupo, simplemente no le interesa.
El indivíduo puede hacer cosas no egoistas, y el grupo, cosas egoistas para con los otros grupos (no con los indivíduos que lo integran).
Estoy convencido que hace mil años, la gente era tan buena cómo la actual, igual de cruel, igual de todo. Lo que pasa ahora es que comemos caliente 3 veces al día, dormimos bajo cubierto, no sabemos lo que es le frío (el de verdad, el que ta mata en una noche).
En una ocasion oí, hace mucho tiempo, que no era justo, que en unas elecciones, el voto del Sr. Aranguren valiera lo mismo que el del paleto que no se para ni un momento en valorar las cosas, más allá de las pulsiones e instintos. Qué razón tiene.
Vivimos en una sociedad que nos tiene anestesiados frente a las cosas realemente importantes, porque estamos malacostubrados, consentidos cómo los niños.
Enmarcar la pirámide de prioridades y calibrar las cosas en su justa medida es difícil.
Perdón por el tocho.
Gracias por leer.
